Obra elegida

Le peintre avec pinceau bleu, 1983. Técnica mixta sobre lienzo, 285 x 197 cm. Miquel Barceló.

 

Le peintre avec pinceau bleu, realizada en 1983, es una característica imagen de taller, -the artist at work- en la que el pintor desvela al público su intimidad mientras pone en evidencia la complejidad, la dedicación y la implicación personal de su labor. Su figura trasciende la idea de autorretrato para abordar la condición del pintor. Como un auténtico héroe, un Hércules contemporáneo, la grandiosa figura del pintor desnudo aparece rodeada de los instrumentos característicos de su trabajo. Caracterizado como el demiurgo, un ente creador y mítico, la brocha que da título a la pieza se identifica con el pene, haciendo del artista también un "sembrador" que hace fructificar la tierra con la semilla de su genio.

 

4 Pendus, 1992. Técnica mixta sobre lienzo, 200 x 200 cm. Miquel Barceló.

Bodegón pintado por Barceló en un lienzo empastado de gran formato. Los animales sacrificados, abiertos en canal, se cuelgan y presentan para su contemplación. Son siluetas que proyectan sus sombras sobre el blanco. Un blanco que ciega y que impone un implacable dominio de la luz sobre la superficie del cuadro. Barceló se muestra barroco en el uso de la línea curva y sinuosa, así como en la acumulación y superposición de materia, empasta su obra creando relieve. Relieve que en los bordes se convierte en un remarque o enmarcado pictórico. 4 Pendus, dramática y cruda, pertenece a la serie de pinturas de su estancia en Mali en las que el autor establece una intima conexión con la naturaleza, las gentes y la vida del África Occidental.

 

Maya, 1938-49. Lito-offset/ Papel. 855 x 615 mm 107,8 x 83,2 x 4,1 cm (total). Pablo Picasso.

Marie-Thérèse Walter era la amante francesa, la modelo del artista desde 1927 hasta 1935, y la madre de su hija, Maya Widmaier-Picasso. En el momento en que conoció a Marie-Thérèse Picasso estaba casado con la bailarina rusa Olga Khokhlova. En 1935 María Teresa quedó embarazada y Olga inmediatamente dejó a Picasso y, tomando a su hijo Paulo, se trasladó al sur de Francia. De la nueva relación, nació una niña llamada María de la Concepción, apodada Maya. Maya ocasionalmente modeló para Picasso para algunas de sus pinturas como Maya con muñeca de 1938, El retrato de Maya con un barco y Maya en tableau rouge. Algunos describen esta última obra como Retrato de Maya con un barco, pero realmente ese título corresponde a otra obra. Picasso apoyó a Marie-Thérèse y Maya economicamente, se trasladó y tuvo romances con otras mujeres. Esta impresión fue publicada por Guy Spitzer un editor muy conocido que hizo Collotypes y litografías en cooperación con varios de los grandes maestros de su época incluyendo Picasso y Léger. Este trabajo fue parte de su colaboración.

 

Serie escrituras, 1985. Carmen Calvo.

Serie escrituras, 1985, es un jeroglífico donde se integra la abstracción de los signos geométricos con las grafías de la arcilla, sujetas con cuerdas a la tela, sobre un fondo monocromo. Esta gramática indescifrable, alude a lo que no puede ser significado, a una escritura sin palabras. El orden y el ritmo contrastan con el caos semántico, revelando el hermetismo del lenguaje, la entropía de los sistemas de comunicación. La musicalidad y la plasticidad de la obra crean un lenguaje autónomo, en el que no hay significado ni mensaje, pero que expresa y articula un texto propio: la escritura cifrada del arte.

 

El ruido de la lluvia lloró alto, 2003. Collage sobre fotografía, 170 x 120 cm. Carmen Calvo.

Serie escrituras, 1985, es un jeroglífico donde se integra la abstracción de los signos geométricos con las grafías de la arcilla, sujetas con cuerdas a la tela, sobre un fondo monocromo. Esta gramática indescifrable, alude a lo que no puede ser significado, a una escritura sin palabras. El orden y el ritmo contrastan con el caos semántico, revelando el hermetismo del lenguaje, la entropía de los sistemas de comunicación. La musicalidad y la plasticidad de la obra crean un lenguaje autónomo, en el que no hay significado ni mensaje, pero que expresa y articula un texto propio: la escritura cifrada del arte. - See more at: http://catalogo.artium.org/dossieres/1/carmen-calvo/obra-en-artium#sthas...

El ruido de la lluvia lloró alto, es una obra en la que la autora reitera su particular forma de acercarse al arte, presentándonos objetos cotidianos e insertándolos dentro del mundo del arte. A través de este proceso, en el que comienza revolviendo en su memoria, rescatando una imagen de un antiguo retrato de una pareja de novios y en conjunción con otros elementos que, en este caso, anulan los rostros de los retratados convirtiéndolos en anónimos, es decir, en todos, nos propone una imagen entre tenebrosa (licantrópica) y nostálgica (retratos de salón) cargada de un posicionamiento crítico consciente de las reglas y roles sociales preestablecidos, que alienan sensaciones y experiencias. Al modo de artistas como Brossa o los surrealistas, Carmen Calvo crea objetos con una carga poética en la que podemos leer desde un punto de vista cercano a nuestra experiencia, renglones que nos hablan de la memoria, del paso del tiempo, de la angustia, la inocencia, entre otros, por medio de un código simple, entre simpático y familiar, por el que fluye su mundo interior y sus pensamientos que reconocemos como propios. 

Cabe destacar también, finalmente, la obra escogida de Fernando Zóbel, el artista filipino cuyas obras tratan de causar sensaciones y están cargadas de movimiento, fluidez y, sobretodo, misterio. A pesar del formato vertical, Adriática, de 1976, es una marina, una gran masa acuosa de azul gris en la que se aprecian apenas los suaves movimientos del agua, vaivenes de un oleaje minúsculo, reflejos de luz y sombra. O quizás sea una marina enfocada exclusivamente hacia el cielo, en la que no aparece el mar sino como reflejo, un espejismo en el que el ser humano, la tierra, los animales y las plantas han desaparecido para dejar sólo la reverberación de ese mar plomizo y claro tan característico de Venecia o de Rímini. Un fulgor: estos paisajes de Fernando Zóbel llevan a sus últimas consecuencias los postulados de Monet sobre la captura de un instante luminoso, con la diferencia de que Zóbel no se interesa tanto por el instante, como por la duración, el prolongado destello de un marco paisajístico en el que la luz, ese paradigma de inmaterialidad, construye levemente las formas.