Libro de artista

 

"Desde hace más de cien años han sido muchos los artistas que se han acercado al arte del libro, con enfoques muy diversos y planteamientos estéticos muy distintos, y ellos han sido los responsables de cómo la forma libro ha ido variando y se ha ido formulando como una forma esencial del arte de nuestros días. Para Johanna Drucker, se trata de «la forma de arte fundamental del siglo XX»

(Fuente: Treinta y un libros de artista. Una aproximación a la problemática y a los orígenes del libro de artista editado. Salvador Haro González)

 

 

"¿Cuál es la condición para que un libro firmado por un artista sea un libro de artista?
La condición es que el libro sea una creación, dicho de otro modo,
que no sea el medio de reproducción de una obra preexistente. [...] Admitiendo que el libro debe ser una creación,
¿a qué necesidad responde la elección del medio libro?
La respuesta a esta cuestión permite en efecto juzgar si la forma de un libro es algo más que un receptáculo cómodo,
un contenedor indiferente al contenido o si, al contrario, para el libro se establece una relación de conveniencia recíproca,
o mejor, de dependencia recíproca entre su estructura de libro y su contenido".

(Publicado originalmente en: Moeglin-Delcroix, Anne. Sur le livre d’artiste. Articles et écrits de circonstance (1981-2005). Marseille: Le mot et le reste, 2006; pp. 86-87)

 

 

Origen

El libro, protagonista y testigo indispensable de la historia en su sentido más amplio, ha evolucionado al son de los diferentes acontecimientos sociales, políticos, artísticos, ideológicos, entre otros. La historia de nuestra cultura se caracteriza por la evolución y los cambios que no solo no "entierran" ideas, sino que las transforman en nuevos planteamientos.

Recuerda Magda Polo Pujadas en su artículo "El libro como obra de arte y como documento especial" que "[...] Cuando Deleuze y Guattari afirmaban, en 1976, cuando se publicó Rhizome, que el libro no estaba muerto es porque en las segundas vanguardias artísticas se habló en los escenarios de muchos movimientos de la muerte del libro aprovechando ese "objeto de deseo, contenedor de ideas y conocimiento" para transformarlo, precisamente, en arte". Por lo tanto, la idea de libro, como tradicionalmente se había entendido, no 'moría', tan solo se estaba transformando.

Los libros de artista cuentan con numerosos precedentes, las obras de los poetas Guillaume Apollinaire y Stéphane Mallarmé, La boîte verte (1934) o la Boîte-en-valise (1936) de Marcel Duchamp, Libros ilegibles y Prelibros (1950) del italiano Bruno Munari, entre otras muchas. Estas creaciones se convirtieron en un instrumento de ruptura e innovación en el panorama artístico, y estaban vinculadas a la ruptura del texto y de la página tradicional.

“Todo lo importante que he hecho podría entrar en una pequeña valija”, afirmó el artista francés Marcel Duchamp en una ocasión, y así entre 1936 y 1941 materializó su propio museo personal. En su caja-maleta, Boîte-en-valise, recopiló una serie de miniaturas y muestras de toda su obra (ready made, textos humorísticos, objetos, etc.); sesenta y nueve reproducciones entre las cuales hay tres réplicas en miniatura de ready-mades y un pequeño Gran vidrio de celuloide. "Un museo portátil, una minirretrospectiva que abre nuevos horizontes ante la idea de exposición". Isabella Rivers afirma que con esta obra "propuso un concepto de libro de arte que abrió las puertas a un campo de experimentación infinito, tanto físicamente como conceptualmente". El artista creó aproximadamente trescientas versiones de la Caja, siete ediciones distintas que se dilataron en el tiempo, entre 1941 y 1968.

Explica Polo Pujadas, que ante "el ocaso" del libro tradicional, surgen dos nuevos conceptos, el de "libro de artista" y el de "libro objeto". Los estudiosos de la historia del libro, como apunta Polo, coinciden en ubicar el origen del "libro de artista" en la década de los años sesenta con el conceptualismo, señalando sus dos objetivos fundamentales: por un lado, la democratización del arte que se valía del uso de un medio de difusión de masas para llegar al público, y, por otro, promover cambios sociales entendiendo el libro de artista como elemento transformador de la realidad. La experta Anne Moeglin-Delcroix perfila dos tendencias: la noerteamericana y la europea, ambas con sus respectivos representantes, los artistas Edward Ruscha y Dieter Roth.

El estadounidense, Edward Ruscha, publicó libros basados en fotografías sin texto como su primer libro de artista,Twenty-six Gasoline Stations, en 1963. Este fue considerado el primer libro de artista moderno. Magda Polo continúa en su artículo "[...] marca el inicio de una reconstrucción del libro a partir de la mirada fotográfica que le permite jugar con la linealidad y temporalidad de la forma del libro. Se circula por el libro de manera horizontal tal y como si estuviéramos en un coche y pasáramos por delante de 20 gasolineras. La forma del libro, una forma tradicional, se convierte en el objeto del arte. [...] Otro aspecto que inaugura Ruscha es el hecho de imprimir un libro de "fotografías" en un papel y materiales de impresión masiva para democratizar el arte". La importancia de esta obra venía dada por ser la primera vez que un libro eliminaba su parte literaria para mostrar una serie de fotografías que introducían el concepto de trayecto-recorrido.

Años más tarde, en 1966, y en la misma línea publicaría Every building on the Sunset Strip, una tirada de 1.000 ejemplares desplegables en acordeón.

 

Dieter Roth fue un artista innovador estrechamente vinculado a los movimientos Fluxus, la Poesía Concreta, el Pop Art y el Arte Conceptual. El grueso de su obra se caracteriza por el empleo de diversos formatos como la escultura, poesía, obra gráfica, libros de artista o pintura, entre otros. Utilizó un amplio abanico de medios no convencionales, como el material biodegradable o los alimentos por ejemplo. Precursor del libro-objeto, cabe destacar su obra Literaturwurts (1961-1967), en la que empleó libros y revistas alemanas, que tras ponerlas a remojo embutía a modo de "salchichas literarias" o "salchichas libro" que se consolidaron como precursoras de obras posteriores en las que se usaron alimentos como medio. Estos salchichones fabricados con pasta de papel eran más alimento del espíritu que del cuerpo.

 

A lo largo de la década de los años setenta y ochenta, ante el éxito obtenido entre los creadores plásticos, surgirán compañías concretas que se dedicaron a la  venta y distribución de los libros de artista en Estados Unidos. Una muestra más de la buena acogida fue la proliferación de exposiciones impulsadas y organizadas desde los distintos centros, bibliotecas, galerías y museos de arte. A finales de los años setenta el libro comienza a tener un perfil muy destacado, se trata de objetos con aspecto de libro y esculturas-libro. A lo largo de la década de los ochenta, se continúa con el libro escultura, con escalas superiores, y que además forman parte de instalaciones. La evolución del libro de artista se extendió a la forma electrónica, CD-Rom, hipertexto, etc. Es a partir de la década de los años ochenta cuando las nuevas generaciones de artistas multimedia, atraídos por las posibilidades que brinda el libro de artista, comienzan su incursión en este campo superando la barrera que hasta ese momento existía entre el arte y el diseño.

El libro de artista se ha consolidado como una forma de arte esencial que nació en pleno siglo XX, cuya presencia se mantuvo en todos los movimientos artísticos importantes, especialmente en los grupos de vanguardia experimentales, y que ha evolucionado como un género autónomo en pleno siglo XXI. Como Isabella Rivers afirma, en su artículo "El libro de artista, entre el mundo de la edición y el galerismo", "[...] El libro es un territorio artístico que reivindica su espacio en el mundo del arte contemporáneo, aunque su difusión va más allá del circuito convencional del arte". Para Rivers una de las cuestiones más importantes es el acercamiento del artista a un cada vez más extenso público. El libro de artista se configura como la herramienta perfecta para ello, es su adpatabilidad la que permite una "comunicación más íntima".

 

 

 

Dieter Roth

Karl-Dietrich Roth nació el 21 de abril de 1930 en Hannover. Era el mayor de tres hermanos, su madre era de origen alemán y su padre, hombre de negocios, de origen suizo. En 1943, obligado por las circunstancias políticas, Roth fue enviado a Zürich, dónde fue acogido por la familia Fritz Wyss. Un hogar estrechamente ligado al mundo del arte y el cine, que procuró un ambiente perfecto al pequeño Roth, quien se iniciaría en la poesía y la pintura. Hasta 1946 no volvería a reunirse con su familia, para en 1947 trasladarse a Berna.

En la década de los años cincuenta comenzó a colaborar con Marcel Wyss y Eugen Gomringer en la revista Spirale. Roth participó en varias exposiciones locales y continuó escribiendo poesía. En 1954 conoció al artista Daniel Spoerri, amistad que recordaba como "una de las cosas más maravillosas que había experimentado". A finales de esta década, Roth se casó con la, por entonces, estudiante Sigríður Björnsdóttir, y se mudó a Reykjavik. Es en este periodo cuando comenzó a publicar una serie de libros de artista muy influyentes.

La trayectoria profesional de Roth está plagada de viajes y cambios de residencia que afectaron de forma profunda en su concepción del arte y en su hacer. Se califica su obra de cambiante, como lo era él, quien adpotó diferentes nombres, entre otros: Karl-Dietrich Roth, Dieter Roth, Diter Rot o Dieterrot. Tal y como describe Gabriela Galindo en su artículo "Dieter Roth: Un artista para artistas" sus obras se definen por "[...] la versatilidad y flexibilidad que abarca un mundo infinito de materiales, colores y texturas [...] Cada obra tiene una vida propia y un lenguaje".

Roth jugó con la idea de "hacer el tiempo visible", para ello empleó materiales orgánicos. Ello suponía que las obras realizadas a partir de estos se verían afectadas por la descomposición de los mismos a medida que se sucedían los días. Roth esperaba que sus obras, afectadas por elementos como el tiempo, el calor o la humedad entre otros, se transformasen lo suficiente. Ejemplo de esta práctica es su obra Pequeña puesta sol (1968). Como apunta Galindo "[...] la intención original de estas piezas es una representación formal de una puesta de sol sobre el mar, pero la composición es sencillamente unas rebanadas de de salami, colocadas sobre unas hojas de papel y sujetas a ciertas condiciones climáticas. La grasa del salami lentamente se derritió sobre el papel y dadas las distintas condiciones a las que fueron expuestas, la mancha dejada por la grasa es muy diversa en cada caso, creando así una variedad de trabajos únicos y originales". Por lo tanto, la mutabilidad es una constante en su obra, una carcaterística que hace que hace que su repertorio sea auténtico. Roth exponía sus obras a "un desarrollo natural y no controlado de los elementos".

Precursor de los libros de artista, Roth, entendía el libro como un espacio de creación, concepto que sumó a su interés por la descomposición orgánica. El resultado fue una serie de trabajos como su obra Literaturwurts (1961-1967), en la que empleó libros y revistas alemanas, que tras ponerlas a remojo, embutió a modo de "salchichas literarias" o "salchichas libro".

Uno de los aspectos más conocidos de su obra es el uso de materiales perecederos, una práctica hoy en día muy extendida pero no tanto en la década de los años sesenta y setenta cuando Roth "provocaba" y se valía de ella. El artista conocía el efecto del paso del tiempo sobre estos materiales orgánicos que terminarían por dar una versión distinta de sus trabajos.

Sus obras, Über Meer (Sobre el mar) (1969) y Schokoladenmeer (Mar de chocolate) (1970), son un claro ejemplo de esta práctica centrada en la utilización de materiales cotidianos como el queso o el chocolate. La primera es una pirámide formada por bloques de queso, en sentido ascendente. Con ella, Roth buscó desafiar los límites de la escutura tradicionalmente asociados a la inmutabilidad de las misma ante el paso del tiempo. A diferencia de una escultura realizada en marmol, por ejemplo, la obra de Roth se transformó. Junto a la idea del paso del tiempo, el artista persigue representar la fragilidad de la vida, y lo consigue gracias al empleo de materiales efímeros que retratan esa idea a la perfección. En Schokoladenmeer (Mar de chocolate) (1970) empleó chocolate y papel mecanografiado. Esta forma parte de una serie en la que el artista usó materiales orgánicos tales como el queso, el azúcar, las especias o el pan. Para realizar esta obra Roth trituró el manuscrito de una novela no publicada; la composición resultante fue la superposición en columnas de las tiras de papel y trocitos de chocolate de las tabletas del conocido chocolate Lindt.

 

Afirma Galindo que el efecto que buscaba en sus obras era el efecto "[...] multivalente parecido a la multiplicidad de identidades de Roth, tan contradictorio como verdadero. El efecto dual de su obra, que atrae y repele a la vez, contrasta con la sensibilidad del arte tradicional del cual Roth huyó y despreció con una natural espontaneidad y alegría".

El artista falleció en 1998 en su estudio en Hegenheimer Strasse en Basilea. Se dice de él que su vida artística y personal siempre fueron una. Considerado uno de los más grandes artistas del siglo XX, ironizó y provocó con su obra sin límites. Conocedor del efecto que el deterioro ejercía sobre sus trabajos, defendió las posibilidades estéticas del mismo mediante empleo de materiales deshechables y orgánicos.

 

 

 

 

Edward Ruscha

Nació el 16 de diciembre de 1937 en Omaha, Nebraska. Es un artista asociado al movimiento Pop, cuyo trabajo abarca la pintura, la fotografía y el grabado. En 1956 se trasladó a Los Ángeles para cursar sus estudios en el Instituto de Arte Chouinard. Tras graduarse, trabajó como diseñador para la agencia de publicidad Carson-Roberts en Los Ángeles.

Twenty-six Gasoline Stations fue su primer libro de artista, publicado en 1963, está considerado como el primer libro de artista moderno. El contenido del libro es fiel a su título, se trata de una serie de 26 fotografías que realizó durante un viaje desde Los Ángeles hasta Oklahoma City. En ellas retrató las diferentes estaciones de gasolina que se iba encontrando. La tirada fue de aproxidamente 50 ejemplares.

A comienzos de los años 60 sus cuadros, collages y fotografías eran muy conocidas, además, se relacionaba con artistas como Robert Irwin, Edward Moses, Ken Price y Edward Kienholz. En 1973, realizó su primera exposición individual en la galería Leo Castelli de Nueva York.

 

En 1962 participó en la histórica muestra, New Painting of Common Objects, comisariada por Walter Hopps y celebrada en el Museo de Arte de Pasadena, junto a Roy Lichtenstein, Andy Warhol, Robert Dowd, Phillip Hefferton, Joe Goode, Jim Dine, y Wayne Thiebaud. La muestra marcó un hito en la historia del arte, ya que fue considerada como una de las primeras exposiciones "Pop Art" en América.

Ruscha se inspiró en los trabajos de Jasper Johns, Arthur Dove, Alvin Lustig y Marcel Duchamp. Todos ellos fueron fuente de inspiración para el artista, quien cambió su gusto por el diseño gráfico en favor de la pintura, que como él mismo afirmó se trataba de "[..] una apuesta más fuerte y comprometida". Una característica esencial de su obra pictórica es el lenguaje visual del sur de California. Ruscha concluyó Large Trademark with Eight Spotlights en 1961, un día después de graduarse.

Entre sus primeras obras (Su, Sweetwater, Vicksburg) esta es la más conocida y ejemplifica el interés de Ruscha por la cultura popular, carreteras, edificios, los letreros y anuncios que continuarán nutriendo su trabajo a lo largo de gran parte de su carrera.

 

 

A partir de mediados de los años sesenta, Ruscha experimentó con pinturas, dibujos con palabras y frases, a menudo cómicas e irónicas. Entre 1966 y 1969, Ruscha pintó sus cuadros de "palabras líquidas". En 1969, trabajó en UCLA como profesor invitado, además, durante estos años, colaboró con la revista Artforum como diseñador, firmando sus trabajos bajo el seudónimo de Eddie Russia. En 2006, fue nombrado administrador del Museo de Arte Contemporáneo MoCA en Los Ángeles.

Ruscha es considerado uno de los más célebres pintores norteamericanos de la segunda mitad del siglo XX, su obra de una calidad extraordinaria está repleta de imágenes de gran impacto.

 

Definición

¿Qué es un libro de artista? “El libro de artista no es un libro de arte es una obra de arte” así lo define José Emilio Antón en su artículo “Libro de artista: Visión de un género artístico”, publicado en el Blog Libros de artista – Historia. Entre las múltiples respuestas a esta cuestión, mencionar también la planteada por Giorgio Maffei y Maura Picciau en su libro Il Libro come opera d’arte. The Book as Work of Art en el que afirman que “[…] Privado del soporte literario –si no del propio- el artista se apropia de un nuevo bagaje instrumental, ensancha la propia experiencia y usa el libro como lugar de investigación”. Para la crítica de arte Lucy Lippard "el libro de artista se define (y se limita) por un contexto artístico", y así lo recoge en su artículo "The Artists Book Goes Public".

 

Salvador Haro González en la publicación Treinta y un libros de artista, recoge el texto de Rowan Watson para el catálogo de la exposición Blood on paper, celebrada en 2008 en el Victoria & Albert Museum. En él afirma que el artista, a veces, trabaja en formatos tradicionales, y que, en ocasiones, toma como punto de partida una idea alegórica del libro. Producen obras con el eco de las funciones de un libro. Continúa Haro González en su texto “[...] Algunos artistas aceptan la forma tradicional del libro, mientras otros usan la idea de “El Libro” como un vehículo de su obra”.

A la hora de definir qué es un libro de artista se debe tener en cuenta, como señala Haro González, la variedad de concepciones existentes.
Ello complica la tarea de realizar una única definición, algo que además resultaría excluyente, ya que se trata de un concepto, el de "libro de artista", que alude a "[...] un género enormemente diverso, en evolución y muy cambiante [...]".

 

Aún con estos matices, el libro de artista se considera una obra de arte realizada por un artista, quien diseñará y desarrollará el proyecto de principio a fin. Resultado de la actividad creativa, se trata de una forma de expresión diferente a las ya conocidas, como lo son la fotografía, la escultura o la pintura, entre otras muchas. El autor decidirá en todo momento cual será el proceso creativo a seguir y controlará su contenido hasta el último detalle.

Resulta necesario, por tanto, perfilar las diferencias entre el libro tradicional y el ya mencionado libro de artista. Este último es concebido como una obra de arte, creada por un artista visual en la que las páginas en blanco se convierten en un espacio de creación repletas de información visual que el lector deberá interpretar, y el libro común es un producto industrial que puede contener obras de arte literarias o ilustraciones de obras de arte, pero no está concebido como obra de arte.

Por lo tanto, el libro de artista plantea una nueva realidad e implica la necesidad de contemplar un género artístico independiente. La idea de transformación es la que explica la evolución del libro, entendido en un primer momento como un soporte más para los artistas, termina convirtiéndose en un género artístico nuevo. Sobre esta cuestión Anne Moeglin-Delcroix, teórica del libro de artista explica "[...] el sentido del libro es el libro en su totalidad, no lo que contiene. En este caso solamente, el libro no tiene un sentido, él es su sentido; no tiene una forma, él es la forma".

El libro que hasta ahora había abordado una escritura literaria pasa a interesarse por una escritura plástica. Una nueva realidad en la que la diversidad de materiales y formatos empleados transforman radicalmente el uso del mismo. El libro tradicional, transmisor de conocimiento, de textos literarios y teóricos, se transforma gracias a la experimentación, como apunta José Emilio Antón en su artículo "Libros de artista: Visión de un género artístico", el libro se convierte en un “[…] medio autónomo de expresión plástica, al margen de la tradición libresca o del arte convencional […]”. Antón justifica así la necesidad “[…] de un nuevo género artístico”, y Haro González apunta, además, que es "[...] necesario no olvidar que el libro de artista es una práctica en pleno desarrollo y que cada día aporta nuevas variables".

 

 

Tipología

Respecto a la posibilidades tipológicas de los libros de artista, tal y como afirma José Emilio Antón en su artículo "Libro de artista", "[...] cualquier propuesta quedará siempre superada por sus variedad y complejidad". Salvador Haro González afirma que "[...] plantear un modelo tipológico unívoco puede resultar pretencioso. Sin embargo, existen algunos conceptos en los que se puede generalizar".

Una clasificación básica y fundamental, vinculada a la edición de los mismos, vendría definida por la cantidad de ejemplares realizados de cada libro. Diferenciando así entre el libro de artista de ejemplar único y el libro de artista seriado. Cada tipo responde a un afinalidad que previamente el artista ha meditado y planteado. La intención define el sentido de cada uno de ellos. Para Salvador Haro es importante a la hora de "formular una clasificación que pretenda ser válida" tener en cuenta los factores intencionalidad y recepción.

Con este planteamineto Haro González propone una realidad genérica y acertada sobre la categorización del libro de artista, por un lado, se refiere al libro único, y  por otro, al libro editado.

Los LIBROS ÚNICOS son el resultado del empleo de diferentes fórmulas creativas. Según la propuesta de José Emilio Antón podríamos diferenciar cuatro tipos:

  • Libro de artista original: Obras plásticas únicas realizadas mediante cualquier procedimiento sobre una estructura formal semejante a alagunos de los soportes literarios.
  • Libro objeto: Obra realizada con vocación tridimensional. El libro se contempla como una totalidad en su forma.
  • Libro-montaje: Obras en formato libro que interactúan con el espacio y en la relación del espectador con el entorno.
  • Libro reciclado, alterado, intervenido: Obras que partiendo de un libro común, de edición normalizada, lo manipulan hasta convertirlo en una forma propia.

(Fuente: Antón, José Emilio. "El libro de artista".)

Los LIBROS EDITADOS. Esta categoría recoge dos tipos de libros bien distintos en origen y planteamiento, los libros ilustrados y los libros de artista. Los primeros creados como libros de alta bibliofilia, incluían gráfica original de artistas, sus encuadernaciones e impresiones eran muy cuidadas y estaban dirigidos a una élite social y económica; mientras que los libros de artista editados surgen ante la necesidad de democratizar el arte contemporáneo mediante ediciones más humildes y de bajo precio. Aún presentando unas particularidades tan marcadas ambos encajan en la categoría de Libros editados en la categorización planteada por Salvador Haro González.