Jorn Utzon: El límite de lo posible

Ficha técnica

TÍTULO ORIGINAL: The edge of the possible.


TÍTULO: Jorn Utzon, el límite de lo posible.


DIRECCIÓN: Daryl Dellora.


AUTOR DEL LIBRETO: Rafael Moneo.


NACIONALIDAD: Estados Unidos.


AÑO: 2008.


COLECCIÓN: ARQUIA/documental.


DURACIÓN: 56 min.


 

Sinópsis

El documental El límite de lo posible describe el curso dramático de la creación de una de las obras maestras de la arquitectura moderna, la Ópera de Sídney, inaugurada oficialmente el 20 de octubre de 1973.



 

La película


La idea de construir la Ópera de Sídney surgió en 1954 cuando Sir Eugene Goossens, director de la Sinfónica de Sídney presionó a J.J. Cahill, Primer Ministro de Nueva Gales del Sur, para que aprobara el proyecto. Se estableció un Comité de la Ópera que eligió el emplazamiento en Bennelong Point, una península de gran belleza que destaca en la bahía de Sídney.


El 1 de febrero de 1956 se inició el concurso internacional para la construcción del edificio. En su sencilla oficina en Hellenbaek, Dinamarca, el arquitecto Jørn Utzon concibió su diseño y envió a finales de año 12 bocetos del mismo al concurso. Se recibieron 233 proyectos de arquitectos de 28 países.




En enero de 1957 los cuatro jueces, Cobden Parkes, Eero Saarinen, Ingham Ashworth y Leslie Martin, examinaron los proyectos participantes. Según una popular anécdota, Eero Saarinen llegó tarde a la reunión del jurado y rescató el proyecto de Utzon de los descartados por sus compañeros, que reconocieron la brillantez de la propuesta. Lo más llamativo del proyecto era la estructura de bóvedas a modo de velas de un barco desplegadas al viento que otorgaba un carácter escultórico a la misma. El 29 de enero de 1957 el jurado anunció que Jørn Utzon, un arquitecto de 38 años prácticamente desconocido, iba a construir el edificio.


Un presupuesto preliminar calculaba un coste de unos 8 millones de dólares. A través de un decreto se creó una lotería para financiar la obra.




Utzon viajó por primera vez a Sídney en verano de 1957. Había presentado los bocetos al concurso sin ver el lugar en que se construiría el edificio, basándose en fotografías, planos y fuentes de primera mano.


Jørn Utzon regresó a Dinamarca para planificar el proyecto. Las previsiones eran crear un auditorio para 3000 personas y una sala de concierto para 1200. Los bocetos preliminares presentados a concurso habían de materializarse en planos de trabajo en un plazo de 18 meses. En un gran pabellón se dibujaron multitud de nuevos bocetos sobre el proyecto y se construyeron maquetas.


Sin embargo, en marzo de 1959 el primer ministro J.J. Cahill ordenó, por motivos políticos, el inicio de la construcción del edificio en contra de la opinión del arquitecto y los ingenieros del proyecto. El comienzo de la obra fue precipitado y no se esperó a que el planteamiento del proyecto se hubiera desarrollado completamente o se resolvieran los problemas técnicos que el mismo planteaba. De ese modo hubo que resolver esos problemas sobre la marcha, lo que demoró mucho el proceso y aumentó significativamente los costes.



La construcción del edificio se inició por el basamento del mismo, un gran podio concebido como base unitaria para la cubierta superior fragmentada. Las dificultades comenzaron porque en lo que iban a ser los cimientos del edificio se tuvo que desviar una antigua conducción de drenaje para asegurar la cimentación de la construcción. Además, el inicio apresurado de la obra antes de tener el proyecto bien definido obligó más tarde a derribar parte de los cimientos cuando se concretó el diseño definitivo.



La ingeniería del edificio se encargó a la firma Ove Arup & Associates, contratada por el gobierno. La cubierta planteada en el proyecto estaba concebida con unas formas poco definidas geométricamente, conchas, según la denominación del propio Utzon, y cuyas dimensiones requerían un control exacto para el montaje en la obra. Durante años el equipo de ingenieros y arquitectos buscó incansablemente fórmulas matemáticas que les permitieran construir las cubiertas que había planteado Utzon en sus bocetos. Imaginaron y diseñaron parábolas, elipses, arcos circulares, pero no lograban dar con la forma adecuada. Ninguna de las fórmulas planteadas era factible, y tampoco se quería renunciar a la esencia del proyecto. Tras tres años no parecía encontrarse respuesta al problema, aunque los arquitectos e ingenieros diseñaban una y otra vez las cubiertas o las salas para encontrar una salida, con pruebas sobre grandes maquetas y planos. Entonces a finales de 1961 Utzon tuvo la genial idea en su simplicidad de que la solución estaba en la esfera. Pelando una simple naranja demostró a sus colaboradores cómo podían construir de forma sencilla aquellas cubiertas que parecían imposibles de edificar a base de segmentos de una esfera. Una forma esférica se divide en piezas menores e independientes que pueden ser prefabricadas y posteriormente se ensamblan. La estructura podía construirse a partir de formas elementales fabricadas en serie, de acuerdo con las ideas del arquitecto de la arquitectura aditiva. La forma esférica era la solución, pero la idea de que las conchas serían fragmentos de una misma esfera simplificaba aún más el problema.





A pesar del uso habitual de las estructuras prefabricadas en arquitectura, su uso en una construcción de esas características resultaba inusual. Los elementos se fabricaron y se fueron ensamblando unos a otros. Las necesidades de los espacios interiores marcaron además en algunos casos la altura que debían tener las cubiertas exteriores, ya que las conchas cubren los tres espacios de asistencia del público: el teatro, el auditorio y el restaurante.



Para cubrir las bóvedas se usó un revestimiento de losas cuadradas cerámicas procedentes de Japón que tuvieron un gran impacto en la apariencia final del edificio. El color blanco de esas losas fue una decisión que Utzon tuvo clara y que recibió el apoyo de Eero Saarinen, quien consideraba que la Bahía de Sídney era muy oscura y el edificio necesitaba la luz que proporciona el color blanco.


Cada elemento fue cuidadosamente elegido por Utzon y su equipo para conseguir un acabado extraordinario.


La arquitectura del edificio despertó durante su construcción bastantes susceptibilidades, ya que algunos arquitectos no veían la funcionalidad de la serie de bóvedas escalonadas. La concepción del edificio de Jørn Utzon iba desde luego mucho más allá de lo funcional y pragmático con una extraordinaria expresividad y lirismo.


Por otra parte el coste de construcción iba aumentando constantemente, sobrepasando ampliamente el presupuesto inicial. También el tiempo de ejecución se estaba alargando fuera de toda previsión. La oposición comenzó a utilizar el tema como arma política con críticas constantes.


Para principios de 1956 se había avanzado mucho con el diseño del interior, que encajaba en perfecta armonía con la envolvente del edificio. Había un espacio entre la estructura y los interiores del edificio, ya que Utzon quería que se pudiera ver esa estructura. Debía poder ser vista por fuera pero también desde dentro del edificio. Además, la intención del arquitecto era que las cubiertas sostuvieran parte de los interiores y las vigas de contrachapado en madera sustentaran el resto sin recurrir a otros soportes. Era una solución revolucionaria y radical que nunca pudo ser materializada.


Para continuar con su trabajo con el contrachapado la única empresa capaz de construir los elementos necesarios en opinión de Utzon era la compañía Ralph Symonds, pero el gobierno obligó al arquitecto a sacar el tema a concurso público. Hasta entonces había habido una buena sintonía entre Utzon y la empresa de ingenieros Ove Arup & Associates. Sin embargo, la empresa consideró que el arquitecto no estaba contando con ellos en aspectos clave de ingeniería del proyecto. Enviaron un informe al gobierno en enero de 1966 criticando decisiones del arquitecto con respecto al contrachapado del edificio. La relación se deterioró y las críticas del equipo de ingenieros al proyecto aumentaron.



En mayo de 1965 una coalición de partidos conservadores llegó al gobierno de Nueva Gales del Sur con la promesa de intervenir en la obra de la Ópera House. El gobierno entrante se mostró receptivo a las quejas de los contratistas rechazados y contravenir todo aquello que habían llevado a cabo los gobiernos laboristas. David Hughes fue nombrado Ministro de Obras Públicas y dio credibilidad a las opiniones contrarias a cómo se estaba llevando el proyecto que apoyaban los laboristas. Hughes comenzó a ejercer un estricto control sobre la obra, contratando a un arquitecto que revisara el trabajo de Jørn Utzon. Las tensiones fueron aumentando y el gobierno empezó a retener el suelo de Utzon con el pretexto de que debía aclararse la situación económica. El 28 de febrero de 1966 Utzon escribió a Hughes diciéndole que no podía continuar con su trabajo en aquellas condiciones. No contaba con la colaboración de su cliente e intentó de este modo forzar un cambio de actitud. Sin embargo, el gobierno aprovechó la carta para utilizarla como una renuncia del arquitecto.


 




Hubo protestas de estudiantes, una manifestación de mil personas frente al Parlamento solicitó la readmisión de Utzon al proyecto, y se reunieron firmas en apoyo al mismo, pero el gobierno no cedió. Jørn Utzon salió de Australia el 28 de abril de 1966. Nunca regresó.



Cuando Utzon dejó el proyecto, el basamento, las cubiertas y parte del interior se habían terminado. Utzon había trabajado durante nueve años en el proyecto y la construcción llevaba 6 años en marcha con un coste de 22 millones de dólares.


Un equipo de arquitectos australianos se hizo cargo del proyecto, encabezados por Peter Hall (encargado del diseño), Lionel Todd (documentos) y David Littlemore (supervisión), y EH Farmer (Arquitecto jefe del NSW y presidente del comité), que tuvo que atenerse a los dictados del gobierno.


La concepción del edificio de Utzon le obligó a imaginar soluciones innovadoras y difíciles. Cuando él dejó el proyecto las decisiones que se tomaron fueron tradicionales y clásicas, con la intención de abaratar y simplificar la obra. El gobierno quiso cambiar el uso de las salas, lo que suponía un replanteamiento total del interior, hecho que impide en la actualidad que determinadas obras puedan exhibirse. El techo y las fantásticas ondulaciones del mismo fueron también transformados, así como el revestimiento del podio y el pavimento, y también se modificó el diseño de los interiores, alterando el aspecto y la acústica de los espacios.


Utzon tenía previsto finalizar la obra en 18 meses, y el equipo que entró tras su marcha tardó más de siete años. El coste final fue de 102 millones de dólares.


El edificio fue inaugurado el 20 de octubre de 1973 sin mención alguna a su autoría en los discursos oficiales. Jørn Utzon nunca volvió a Australia, a pesar de los numerosos reconocimientos que posteriormente recibió en el país.


En los años 90 la Ópera de Sídney buscó un acercamiento al arquitecto proponiéndole su participación en futuras obras en el edificio. En 2004 se inauguró la “Sala Utzon” en honor al arquitecto, único espacio interior acorde totalmente con sus diseños.


En 2007 el edificio fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. Es un icono de la ciudad y uno de los edificios más emblemáticos del siglo XX.


El sol no sabía cuán bella era su luz era hasta que se posó sobre este edificio


Louis Kahn








 


 


 


 


 

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