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La película

Annemarie Jacir visualiza de manera fiel su estilo y plantea la película desde la construcción de un discurso con sentimientos de disconformidad, pero priorizando su interés por los personajes, creando un binomio entre la denuncia y la interpretación. En Invitación de boda (Wajib), Jacir utiliza un reencuentro familiar para visualizar la percepción generacional entre un padre de viejas costumbres y un hijo con vivencias más modernas y además con influencia de tener una visión más abierta por su estancia en Italia; todo ello tiene como telón de fondo un triste escenario de represión, el conflicto e invasión de Israel al pueblo palestino.

La película cuenta la historia sobre una relación entre padre e hijo desde la óptica de la visión palestina de hoy en día. Shadi (Saleh Bakri) es un joven arquitecto instalado en Roma que regresa a Nazaret durante un tiempo, para acudir y ayudar en los preparativos de la boda de su hermana Amal (Maria Zriek). Junto con su padre, Abu Shadi (Mohammad Bakri), viajan a bordo de un coche repartiendo las invitaciones para la ceremonia, siendo una tradición cultural palestina. Durante el trayecto, las diferencias entre las miradas de ambos protagonistas constituyen el eje de este film, subrayando y exponiendo las contradicciones generacionales y los diferentes puntos de vista desde lo abierto al mundo y lo tradicional, constituyendo un interesante y valioso acercamiento a un rincón del mundo conocido por su conflicto palestino-israelí en lo estrictamente político y bélico, pero que en la película se asoma a las personas y a su modo de vida en sí.

Nazaret, la ciudad de Israel con mayor población árabe (palestina), es el escenario idóneo en la que los personajes avanzan en lo moral, produciéndose un continuo debate sobre la vida (la ciudad, lo político, lo religioso, lo social, etc.). Annemarie Jacir ha compuesto con Invitación de boda, una road movie clásica en la que cada encuentro, cada visita a amigos y familiares para repartir las invitaciones, muestra una pequeña historia y un modelo de relación entre iguales y entre diferentes, mostrando conflictivos vínculos en una ciudad diversa, viajando de este modo desde lo particular hasta lo universal.

Estamos ante una película llena de humildad pero con multitud de temas que plantea. Temas que, además, son abarcados desde distintas perspectivas y puntos de vista. La película muestra ejemplos de ello, reflejándose en diferentes situaciones que se dan. Véase la discusión entre Abu y su hijo Shadi. Los argumentos de uno son tan convincentes como los del otro y sin forma de conciliarlos. Véase el momento en que el hijo se niega a invitar a la boda de su hermana a un espía de la policía israelí. El padre refleja que no hacerlo empeoraría su día a día en Nazaret. El hijo argumenta que su decisión de permanecer en Palestina se traduce en el acatamiento de unas normas impuestas por la cultura y la sociedad. Su padre responde que, sencillamente, él no tiene ningún deseo de marcharse, porque es su tierra y la quiere como venga en su momento. Con todo ello y son solo algunos ejemplos, Jacir nos habla del conflicto entre Palestina e Israel, de ciertos choques ideales (en donde las diferencias culturales se mezclan con las generacionales) y también de las distintas lecturas que pueden hacerse de actitudes tanto conformistas como activistas. En definitiva, un resumen de lo complejo que resulta ser esta parte del mundo.