La coleccionista

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La película

El cineasta Éric Rohmer, considerado uno de los integrantes más destacados de la Nouvelle Vague, estructuró el grueso de su obra a través de diferentes series cinematográficas. El filme La coleccionista es el cuarto largometraje de la colección Seis Cuentos Morales. La trama gira en torno a conceptos como la fidelidad, el deseo, o la seducción y se desarrolla en un ambiente relajado e íntimo en pleno verano, junto al mar. Como afirma Glòria Salvadó Corretger en su artículo Objeto/sujeto. El cine de Eric Rohmer "El triángulo amoroso entre un hombre y dos mujeres [...] parece sin duda fuente de inspiración para la serie de seis películas en donde el protagonista duda a lo largo del relato entre la tentación de la mujer seductora y la estabilidad formal de la mujer escogida. [...] el triángulo amoroso es el motor de los acontecimientos en los Cuentos morales."

Rohmer abogó por un cine muy literario. En 1989 la editorial Anagrama publicó Seis cuentos morales, en dicha publicación el director comenta "¿Por qué filmar una historia, cuando se puede escribir? ¿Por qué escribirla, cuando se va a filmar? Esta doble pregunta solo es superflua a primera vista. A mí se me planteó con mucha precisión. La idea de estos Cuentos se me ocurrió a una edad en la que yo no sabía aún si sería cineasta. Si los convertí en films, es porque no conseguí escribirlos. Y si bien, en cierto modo, es cierto que los escribí fue únicamente para poderlos filmar. Así pues, estos textos no están sacados de mis films. Les preceden cronológicamente [...]".

Como integrante de la Nouvelle Vague Rohmer consideraba que las películas debían ser creación personal del director, él era quien debía controlar todos los detalles y escribir sus propios guiones. Los representantes de esta corriente abogaban por una mayor creatividad y una libertad plena a la hora de realizar sus películas. Carlos F. Heredero y Antonio Santamaría afirman en su libro, Eric Rohmer, publicado por Cátedra: "[...] es una obra de cierto desaliño formal, algo desigual y zigzagueante, que todavía recurre a suaves zooms de aproximación o que incrusta, de manera sorprendente, un inesperado y largo travelling para barrer las terrazas de los restaurantes sin seguir con él a ningún personaje. Una realización libre y abierta, [...] coherente con la libertad, la despreocupación y el relajamiento que transpiran todas sus imágenes".

El cineasta escribía "[...] He respetado que se podía hacer cine sobre la cotidaneidad, que no eran necesarias las grandes construcciones dramáticas para tratar la realidad". En La coleccionista, Adrien, el protagonista, harto de la rutina decide visitar a un amigo en su villa de Saint Tropez. Adrien intentará convencer a su novia para escaparse unos días juntos pero esta insistirá en irse a Londres, finalmente, viajarán por separado. El protagonista necesita estar solo y anhela "...llevar la inactividad a un grado jamás alcanzado en su existencia". El verano es un recurso habitual en la filmografía de Rohmer. Son imágenes llenas de luz, recrea una atmósfera de tranquilidad y descanso en plena naturaleza en la que los protagonistas Haydée, Daniel y el propio Adrien conviven y dedican su tiempo libre a leer, bañarse en el mar, escuchar música, tomar el sol o, simplemente, charlar sobre arte, coleccionismo y otras cuestiones relacionadas.

Rohmer mostró interés por las pequeñas historias. Con su producción cinematográfica no pretendía plasmar grandes tragedias, si no retratar pequeños detalles que darán sentido a toda la trama. Para el cineasta francés los pensamientos y las emociones importan más que las acciones, por ello otorga más importancia a los gestos de sus protagonistas, a la forma de caminar, a la manera de mirar o moverse. Y a través de estos pequeños detalles es cómo Rohmer articula sus relatos.

Al inicio de la película Rohmer presenta a Haydée paseando sola por la playa, ensimismada en sus pensamientos. La joven representa la belleza sensual por la que Adrien sentirá una gran atracción, algo que negará pero que crecerá de forma gradual.

El protagonista, que en ocasiones se convierte en el narrador de la historia en primera persona, observa cómo actúa Haydée con los hombres con los que se relaciona y narra sus más profundos pensamientos. Se siente molesto porque teme que la presencia y el ritmo de vida de la joven alteren sus planes en la villa. Él busca "dejarse llevar", adquirir hábitos saludables y disfrutar de la naturaleza que le rodea, romper con una estilo de vida quizás no tan diferente al de Haydée, quien disfruta de la noche y de la fiesta. En realidad, Adrien considera a la joven una coleccionista, alguien que en las largas noches de verano atesora relaciones.

Lo carnal y el intelecto juegan un papel importante a la hora de tejer las relaciones entre los distintos personajes. En estas el concepto de colección está muy presente. Haydée a ojos del protagonista colecciona hombres, sin embargo, ella afirma conocer lo que quiere, simplemente "[...] busco para intentar encontrar"; por otra parte, Adrien, es un joven aspirante a coleccionista de arte que, de forma sútil pero constante, busca formar parte de la colección de la muchacha. El protagonista afirma saber que Haydée quiere consquistarle "[...] Te ruego que no me persigas... soy débil y demasiado bueno, pero hay que ser moral". Rohmer crea un personaje contradictorio, Adrien piensa de una forma y actúa de otra, "Haydée será su objeto de deseo nunca reconocido como tal" describen Carlos F. Heredero y Antonio Santamaría a este respecto. Fernando Méndez-Leite en su artículo publicado en Dirigido por..., en 1977, señala que la historia "[...] acaba convirtiéndose más en la historia de un hombre con complejo de arte coleccionable... que la de una chica coleccionista de hombres".