La vida de Oharu

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La película

Los convencionalismos feudales estructuran la sociedad de la época. El deber y la posición social marcan el devenir durante toda la vida. 

La película comienza en un poblado del Japón del siglo XVII, mientras unas prostitutas intentan conseguir algún cliente, la protagonista, Oharu, vaga sola, bromea sobre su edad y sus posibilidades de seguir trabajando en ese oficio. La belleza de Oharu en su juventud termina siendo su condena convirtiéndola en una desagradable anciana.

Hace frío y el grupo de prostitutas se aproxima a un fuego. Allí, una de ellas le pregunta a Oharu: "¿Alguna vez pensaste que acabarías de esta manera? Tengo entendido que trabajaste en la Corte. ¿Qué te llevo a acabar así?" En un momento, Oharu se aleja de las demás y empieza a repasar su vida.

Oharu fue dama de honor en la corte imperial de Kioto, pero se enamoró del hombre que no debía, un sirviente. En la época esto era considerado una falta grave y como castigo le imponen el exilio para ella y para sus padres; y la muerte a él. Estamos en 1686. 

A partir de aquí las tragedias suceden una tras otra y aunque van apareciendo algunas oportunidades de redención al final todas se desvanecen. Alrededor de Oharu van ir apareciendo distintos personajes -prostitutas, monjas, realeza, estafadores, hombres honestos, ladrones- que van a permitir conocer gran parte de la sociedad. 

 

Tras la ejecución de su amante, Oharu es obligada a convertirse en la concubina de un gran señor, al que su esposa no puede dar un heredero. Es elegida por su belleza entre una gran cantidad de mujeres. Después de dar a luz le arrebatan a su hijo y es expulsada de la casa. Regresa con su familia y el padre de Oharu, que representa la ambición material, le ordena que se prostituya para poder pagar los enormes gastos que él irresponsablemente había hecho. 

 

 

 

El dinero y su importancia se vuelve a reflejar cuando ejerce como cortesana. Aparece un hombre con mucho dinero y todo el mundo sucumbe ante él. Al final se descubre que es un estafador. 

La mala suerte se sigue cebando con ella. Una pareja de mediana edad la adopta, pero la reconocen como cortesana y tampoco esta vez tiene el final esperado. 

Regresa con sus padres, y aparece un fabricante de abanicos, que se enamora de ella. Todo parece que va bien: el es un hombre bueno, se casan, son una pareja joven, guapa y con un negocio que va bien. Pero él es asesinado y, como las mujeres no tenían ningún derecho, el tío de su difunto marido vende la tienda y le deja en la calle. Su situación empeora y acaba convirtiéndose en una mendiga y prostituta de la calle, desposeyéndola de toda dignidad.

Al final de la película, de nuevo, parece que su vida puede tener un buen final al acudir a reencontrarse con su hijo, pero, otra vez, su pasado se lo impide. La cámara sigue a Oharu que camina sola. Después de unos segundo la cámara se queda quieta y Oharu sigue andando hasta que dejamos de verla. Oharu sale del plano. 

Los personajes femeninos en la película nos dan información de la situación de la mujer en la sociedad, sin importar su clase social: la madre de Oharu está sometida a su marido, ella no opina sobre nada de lo que atañe ni a la familia ni a su hija; Lady Matsudaira, esposa del gran señor Matsudaira, acepta la presencia de Oharu como concubina ya que ella no puede concebir un heredero; y la vieja cortesana que encuentra Oharu tocando en la calle es el presagio de lo que luego le sucederá a ella.