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La película

Estamos ante un drama con una historia sencilla, dura, pero que nos puede resultar familiar o reconocible y que emociona sin sobrepasarse a la hora de dramatizar las cosas. Una película que hace meditar ya que no se puede evitar sentirse reconocido en mayor o menor medida en alguno de los personajes o en la propia historia en sí, por su realismo y por mostrar lo dolorosa que puede ser la vida, directa o indirectamente. En cualquier momento la vida puede golpear y cambiarlo todo de la noche a la mañana. El tema a tratar, un drama familiar con la muerte como eje, pero también desde la comprensión de que la vida debe continuar aunque siempre exista el recuerdo de fondo.

Irene, profesora de teatro de un grupo de invidentes, vive con Mateo, su padre, y con su hijo David, un joven de 22 años. La convivencia es armoniosa y feliz, pero un conflicto se desata: David ha decidido irse a vivir con su novia, Clara. Él es un brillante estudiante de arquitectura y ella, una cajera de hipermercado. Pese a su talante liberal, Irene no entiende que su hijo tenga una relación con una chica sin ambiciones; no puede sino tomárselo a mal, a pesar de que David cuenta con el apoyo de su abuelo Mateo.

David encuentra en su abuelo la complicidad necesaria para llevar a cabo sus planes. Mateo es un anciano octogenario y vitalista a pesar de su historia: era un niño durante el transcurso de la Guerra Civil española, en la cual, perdió su casa y a toda su familia. Pero nada de eso pudo con la energía y las ganas de vivir de Mateo. Un día, Mateo llega con una terrible noticia, la muerte de David.

Esta situación dramática llevará a visualizar el comportamiento de los distintos personajes ante el mismo drama. Cómo afrontarlo y cómo son esas relaciones, en especial, entre la madre de David y su novia, Claudia. Al principio, Irene rehúye de Clara pero poco a poco se encuentran en el mismo dolor y en las mismas sensaciones, lo que conllevará a un acercamiento desde la tristeza y la pena, pero también desde el recuerdo y la vitalidad. En medio de todo ello, el personaje de Mateo, encarnado por un inmenso Fernando Fernán Gómez, juega  a la perfección el papel de la comprensión, apoyo y acercamiento a ambas, en especial y lógicamente a Irene, su hija. Mateo sabe que las heridas tardan en curar, pero la experiencia le dice que seguir hacia adelante no significa olvidar, sino recordar aunque haya que seguir cuanto antes con la rutina y el dinamismo de siempre. El recuerdo,  según él, es la justicia por los seres queridos, poniendo el ejemplo de los fallecidos del bando republicano durante la Guerra Civil y después. Finalmente, los tres (Irene, Clara y Mateo) sabrán encontrarse y convivir con el recuerdo de David como si fueran una familia. Sin duda, una película sencilla pero bien hecha, que consigue captar la atención del espectador y que es aconsejable ver.