Stefan Zweig, adiós a Europa

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La película

La directora de cine Maria Schrader recoge en su obra, Stefan Zweig: Adiós a Europa, los últimos años de vida del escritor e intelectual austriaco, Stefan Zweig. Como apunta Carlos Boyero en su artículo "Descanse en paz, admirable Zweig" Schader  "[...] se ha atrevido a ponerle rostro y a narrar su obligado y dolorido vagabundeo por América esperando una solución para que su angustia se detuviera y el futuro existiera [...]". El filme retrata el periplo del escritor y su segunda esposa, Lotte Altmann, tras tener que abandonar Europa y refugiarse al otro lado del Atlántico.

Con la llegada de Hitler al poder en 1933, la obra de Zweig cae en desgracia, sus libros fueron condenados y, más tarde, prohibidos. El avance del fascismo provocó la salida del escritor de su tierra, hogar al que jamás regresaría. Ya en 1936 sus libros fueron prohibidos en Alemania, año en el que el escritor tuvo que huir a Brasil, y momento en el que, tras Thomas Mann, se erigía como el segundo escritor alemán más leído en todo el mundo. En el ya citado artículo de Carlos Boyero, este lo describe como "El europeo más inteligente, cultivado y humanista [...]", por su parte, Rubén Lardín afirma, en su artículo "Stefan Zweig, adiós a Europa, la inteligencia contra el nazismo", que el escritor "[...] contaba con una reputación de pensador pacifista, comprometido contra los nacionalismos e impulsor de ideas europeístas".

La directora estructura su obra en diferentes bloques que se corresponden con distintos episodios de la vida del escritor, abre su filme con una recepción en honor a Zweig en Buenos Aires, Argentina, en septiembre de 1936 y pone broche final a su obra seis años después, en febrero de 1941, en Petrópolis, Brasil. La película recoge los distintos ambientes que el intelectual y su esposa recorrieron durante sus últimos años. Brasil, Argentina o Nueva York fueron los lugares que acogieron a Zweig y a Lotte en su continua huida.

Tal y como afirma Paula López Montero en su artículo "Stefan Zweig: Adiós a Europa. En busca del paraíso perdido", la idea que la directora busca transmitir a lo largo de toda la película es clara "ese adiós a la vieja y autodestructiva Europa". Además, López Montero, enfatiza dos cuestiones, por un lado, la obvia reflexión que genera el visionado del filme y, por otro, el reconocimiento que hace Schrader a una de las figuras más importantes y ejemplares de la cultura del siglo XX de una forma contenida, "sin excesivas emociones", con una estética y fotografía excepcionales.

Los primeros minutos de la cinta muestran la ajetreada agenda del escritor, ruedas de prensa, congresos, lecturas, un sin fín de citas en las que la prensa presente buscará la opinión del escritor respecto a la situación política en Europa. Ante las sucesivas presiones para que se posicione políticamente, Zweig siempre afirma que "no se pronunciará contra Alemania, ni contra ningún país", apunta además que " [...] los que no somos radicales no debemos rebajarnos". En el filme, el escritor afirma "[...] el intelectual debe entregarse a su obra, ser justo, entender a sus opositores [...]".

El hecho de no posicionarse políticamente hizo que recibiera muchas críticas, "[...] se le acusó de tibio, de cobarde incluso" señala Maria Schrader, quien defiende la postura del intelectual, "[...] hace falta tener mucho valor para no dejarse arratrar por el odio. [...] El siempre se esforzó en comprender. Su prioridad fue la honestidad del intelecto, de la razón". En uno de los encuentros con periodistas, entre los que se encontrabba Thomas Friedman de la revista New Yorker, a la pregunta de sí creía en una Europa en paz, Zweig respondió: "Sí, creo en una Europa libre [...] fronteras y pasaportes algún día serán algo del pasado".

Para Zweig, Brasil fue el país que los acogió y en el que encuentró respuestas a preguntas esenciales como esta: "¿Cómo podemos lograr una coexistencia pacífica en este mundo a pesar de las diferencias de raza, de clase y de religión? Tengo la sensación de que Brasil ha encontrado la respuesta. Su diversidad de color es mayor que en Europa [...]"

Si en la primera parte de la película observamos a un escritor agasajado por los diferentes actos y homenajes que le rinden sus diferentes anfitriones, en un segundo momento, Schrader muestra una etapa menos amable y triste en Nueva York, un periodo empañado por las continuas peticiones de auxilio de otros compatriotas judíos para salir de sus países y poder refugiarse en territorio seguro. Su ex-mujer, Friderike Maria von Winternitz, con quien contrajo matrimonio en 1920 y de quien se divorció en 1938, le abre los ojos, esta entiende que Zweig debe reaccionar, a su casa llegan cartas de decenas de compatriotas pidiéndole ayuda.

Y tras su paso por Nueva York, regresan de nuevo a Brasil, concretamente a Petrópolis, lugar en el que pasarán los últimos años de su vida. Pero como apunta Antonio Weinrichter en su artículo "Stefan Zweig:Adiós a Europa. El último refugio", "[...] la distancia no bastó para mitigar el dolor que le provocaba la guerra, le seguía doliendo Europa". Dejaría la vida de forma voluntaria, convencido de que el nazismo iba a propagarse por todo el mundo.