Eduardo Chillida

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Las manos

Las manos son una constante en la obra de Chillida. Así lo atestiguan sus más de trescientos dibujos, sus más de cien grabados o algunas pequeñas obras en cerámica en las que las manos son el tema central. Manos fuertes, bien definidas, manos en las que los dedos y las uñas aparecen claramente representados. Manos de artista, manos que son algo más que una parte del cuerpo.

 

¿Por qué ese interés, esa obsesión? Como ya se ha señalado, el espacio ha sido uno de los aspectos que, desde sus inicios, han preocupado al artista donostiarra. Una vez más, es esto lo que Chillida trata de analizar y estudiar a través de sus manos. Las manos como elementos vivos que se cierran y se abren en un intento de capturar el espacio. De alguna forma, en ese movimiento de sus dedos que se pliegan y giran, el artista refleja los movimientos que él mismo realiza cuando trabaja con otros materiales como el hierro.

 

Además de esos dedos y de la acción de abrir y cerrar la mano, de ese intento de aprehender el espacio, Chillida presta gran atención también a los surcos que se crean en la palma de la mano. De hecho, la propia acción del grabado a punta seca consiste en surcar, acción que aparecerá también en su trabajo escultórico. Esto se aprecia por ejemplo en la obra El Elogio de la luz V, un bloque prismático de alabastro surcado por un arco de circunferencia y líneas rectas.

Así pues, la presencia de las manos en la obra de Chillida va más allá de su representación figurativa y reconocible; se esconde también en esos surcos que presentan sus esculturas o a través de los que crea sus grabados.