Gabriele Basilico

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Obra

 Parma, 2001. Aula, 1985.

 

 Modena, 2001. Le Crotoy, 1985.

 

 Morciano de Romagna, 2001. Le Treport, 1985.

 

Gabriele Basilico es uno de los fotógrafos más reconocidos a nivel internacional; su ámbito de trabajo es el paisaje urbano e industrial. Arquitecto de formación, trabaja como fotógrafo de arquitectura para el sector editorial, la industria e instituciones públicas y privadas. Fotografía casi exclusivamente en blanco y negro, con influencias de fotógrafos como Walter Evans y Bernhard y Hilla Becher.

Bolzano Ovest-Bozen West.La obra de Basilico está considerada como una de las más importantes en el área de la investigación que tiene como objeto la ciudad y el paisaje contemporáneo en su paso de la era industrial a la postindustrial, con las profundas modificaciones arquitectónicas y urbanísticas que esta transformación ha supuesto en todas las ciudades europeas. Gabriele Basilico está involucrado desde hace más de 20 años en una investigación de esa transformación en Europa a través de proyectos personales e institucionales de investigación.

Su investigación arranca con la serie Milano, retratos de fábricas con un análisis sobre la antigua periferia industrial de Milán. Posteriormente participó en la Misión Fotográfica de la D.A.T.A.R. (Delegation à ´Amenagement du territoire et à l´Action Regionale), la mayor campaña fotográfica europea de finales del siglo pasado, comparable por su importancia histórica a las campañas de la Farm Security Administration, organizada por el gobierno francés entre 1983 y 1988. En este trabajo se documentaron las transformaciones del paisaje transalpino. Su trabajo se ha desarrollado además en varias ciudades europeas.

Su primer trabajo en solitario data de 1982, cuando realiza un amplio reportaje sobre las áreas industriales de Milán, titulado Ritratti di fabbriche (Sugarco). Acerca de este trabajo Basilico declaró: “siempre he pensado que mis “retratos de fábricas” nacen desde la necesidad de buscar un equilibrio entre deber social –que nadie me había impuesto, sino que era una consecuencia de la admiración que yo sentía por el trabajo de los grandes fotógrafos del pasado– y el interés por experimentar un nuevo lenguaje en plena libertad y sin condicionamiento ideológicos”. Este trabajo le otorgó una notoriedad inmediata.

Entre 1984 y 1985 trabaja en un proyecto que formó parte en una gran exposición colectiva en París en el Palais de Tokio (1985). A este trabajo siguieron años de intenso trabajo en los que se alternaron encargos públicos y diversas investigaciones.

Entre sus trabajos, además de Bord de mer, viaje a lo largo de la costa francesa (1984-1985), destacan el trabajo Porti di Mare (1982-1988) y la campaña fotográfica de Beirut (1991), realizada tras el fin de una larga guerra junto a otros grandes profesionales de la fotografía como Robert Frank, Josef Koudelka, Raymond Depardon. A partir de la mitad de los años 80, empujado por un mayor interés hacia las transformaciones del paisaje, Basilico se plantea una interpretación de las nuevas formas que el hábitat humano está adquiriendo desde una perspectiva conceptual y estética a la vez.

En este sentido resultan ser muy interesantes un nuevo trabajo sobre Milán, ciudad en la que Basilico nació y donde todavía sigue trabajando, The Interrupted City (1996), trabajo que fue planteado junto a Stefano Boeri para la VI Exposición de Arquitectura de la Bienal de Venecia, y por el que se le otorgó el premio L’Osella d’Oro.

El tema de la identidad de la ciudad entre permanencia histórica y desarrollo contemporáneo, entre destrucción y reconstrucción posbélica, entre utopías urbanísticas y obras para el futuro, queda bien representado en su trabajo sobre Berlín del 2000, desarrollado gracias a una beca de la DAAD (Deutscher Akademischer Austausch Dienst).

Milano 1980/'80, ed 4/15 50x60 cm.Dunquerque 1984/88.

 

Beyrouth 1991/ 1995.Bilbao 1993, 50x60 cm.

 

Zurigo, 1996.Modena, ex Fonderie.

 

Marco Meneguzzo comenta así sus impresiones sobre el trabajo de Gabriele Basilico:

“Basilico fotografía las ciudades sin personas. Y no hay modo mejor de retratar las personas que contar su ausencia, mostrando los lugares sin su presencia: entrar en una casa sin habitantes permite reconstruir una historia en tiempo real (porque se fundamentará sobre la objetiva presencia de indicios evidentes) y a la vez imaginaria (porque se desarrolla a partir de las relaciones que entrelazamos con los objetos que encontramos con nuestras miradas). Eso es lo que Basilico define como “documental”, refiriéndose a las tradiciones del fotorrealismo, y en particular a Eugène Ateget y a sus fotografías, en las que París aparecía sin sus habitantes. Es inútil plantearse otra vez la cuestión de la objetividad… Quizás sería mucho más interesante enterarse de las motivaciones que están detrás de una obra hecha de tal forma, y también de las razones del éxito que la obra de Basilico ha cosechado mucho más allá de las clasificaciones críticas permitidas por su mismo trabajo”.

En el 2004 Gabriele Basilico presenta en ARTIUM varias fotografías de la serie Beirut, presentadas en la exposición colectiva Laocoonte devorado. Arte y violencia política.

Beirut, 1993. Fotografía color. 100 x 130 cm.

Las fotografías de Basilico tomadas en Beirut nos muestran los devastadores efectos de una guerra civil sobre una ciudad. Su antigüedad y prosperidad anterior a la guerra no son elementos suficientes para disminuir la magnitud del desastre. Las facciones militares que se enfrentaron desde sus ventanas, tejados y esquinas, aunque diferentes en las motivaciones que las alentaban, provocaban los mismos efectos: la destrucción del escenario de la vida y, por tanto, de la vida misma. Su ausencia, tan evidente en estas fotografías, deja un paisaje no únicamente desolado, sino, peor aún, también deshumanizado, fantasmagórico, irreal, que no mueve a la melancolía, sino al desengaño. La ciudad es tomada como una enorme vanitas: “Estos que ves, oh Flavio, campos de desolación fueron en tiempos Itálica famosa...”, escribió el poeta barroco.

Las paredes heridas, los balcones reventados, el escombro acumulado, la gente huida..., todo parece querer preguntar si la batalla, ahora concluida, mereció la pena. Este abandono espectral, las vidas arrancadas, el dolor que se intuye tras las puertas... ¿qué objetivo se perseguía?,¿cuál la libertad que abanderan unos y otros?. Basilico hace que nos preguntemos sobre el sentido del vacío que atenaza al ser humano cuando, tras desatar la furia política, encuentra que no hay ganancia alguna y se constata que la realidad está ocupada por cada vez mayor número de homo sacer, esa figura jurídica aplicable al hombre a quien cualquiera podría dar muerte sin cometer un crimen, y que la muerte no sea resultado de un proceso jurídico o ritual religioso; la expresión sacer “indica, más bien, una vida absolutamente expuesta a que se le dé muerte, objeto de una violencia que excede a la vez la esfera del derecho y del sacrificio.”