Mona Hatoum

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Evolución en la obra de Mona Hatoum

A finales de los ochenta Hatoum integra en sus propuestas otros tipos de medios como son las instalaciones y la escultura. Da además un giro a su obra, y aunque los temas siguen siendo los mismos, se tratan de una manera mucho más implícita, menos directa. Sus obras, aunque cada vez menos narrativas y más ambivalentes, no parecen abandonar ese sentido político de sus acciones de principios de los ochenta. En definitiva, Hatoum pasa de primar el contenido a primar el aspecto formal y estético de las obras.


El cuerpo de la artista va progresivamente desapareciendo de sus obras, para ceder su importancia a la presencia de ese otro cuerpo que es el del espectador. Hatoum persigue del espectador una respuesta emocional, un cuestionamiento de su entorno, de su relación con los objetos y con el mundo. Por eso, construye obras dominadas por lo ambiguo, de cara a lograr una mayor disparidad de interpretaciones. Y todo con el fin de cuestionar la realidad y lo que nos rodea, el poder, las tradiciones... Así, muchas veces, nos presenta objetos que, a primera vista o desde lejos parecen atractivos pero una vez que te acercas te das cuenta de que en realidad provocan rechazo o incluso son peligrosos. Esto es lo que se pretende en Doormat (Felpudo). Es una obra basada en un felpudo con la palabra “Welcome” (bienvenido). A lo lejos la superficie reluciente de la alfombra parece de terciopelo, pero al acercarnos nos damos cuenta de que está hecha de afilados pinchos de acero clavados sobre un bastidor y que apuntan hacía arriba. Lo mismo ocurre en Incomunicado, se trata de una cuna cuya base esta hecha con finos alambres tensados, con lo que un objeto que se supone que provoca sentimientos de dulzura y ternura se transforma de repente en un instrumento de tortura.


Incomunicado, 1993.

Una característica notable desde los inicios de su carrera ha sido la continua evolución de sus investigaciones acerca de la sutil pero intensa relación entre la estética, la ética y la política. Huyendo de la demagogia política y moral, Mona Hatoum apuesta por un método más íntimo y personal, que, no obstante, está imbuido de contenido político. Se sitúa a sí misma, y al espectador, en una posición privilegiada desde la cual examina los complejos fenómenos de la vida cotidiana. La construcción de esa posición se convierte en la esencia de su investigación. Lo consigue tanto desde su personal discurso artístico como desde dentro del propio sistema. Su obra nace principalmente de la vida cotidiana, libre de convenciones sobre lo que es público y privado o íntimo e institucional.