Regina José Galindo

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Obra

Regina José Galindo (Guatemala, 1974) es una poeta y artista que adopta  la performance como vía de expresión. Emplea su cuerpo como materia para la creación de complejas narrativas, explorando los límites de su propia "fisicidad" e incluso asumiendo riesgos con el fin de evidenciar y denunciar prácticas de sometimiento en las sociedades actuales.  A través de un lenguaje duro y descarnado, superando la mera idea de seducción o evocación, Regina José Galindo  experimenta en primera persona las vejaciones que el hombre ejerce sobre otros seres humanos "condenados" a una sumisión que viene dada por su género, sexualidad, estatus económico, raza o nacionalidad. Mediante sus acciones, Regina José Galindo sitúa al espectador en una incómoda realidad de la que se sabe participe. Las performances realizadas por la artista guatemalteca se convierten en un ritual personal de sacrificio, con el fin de visibilizar aquellos colectivos periféricos y marginales que se encuentran relegados a una situación de inferioridad. Su trabajo se desarrolla desde un lenguaje que podríamos definir feminista y poscolonial. Su trabajo muestra vinculos con artistas como Ana Mendieta, Marina Abramovic o Gina Pane. Del mismo modo el trabajo de Regina José nos presenta de manera muy directa algunos de los más perversos e hipócritas usos de la sociedad occidental.

Para conseguir un efectivo resultado, Regina José realiza sus intervenciones en el espacio público, empleando con gran frecuencia la desnudez como lenguaje transgresor y violento. En 1999 realiza una de sus primeras performances, titulada El dolor en un pañuelo. Este trabajo consistió en la proyección de noticias que anunciaban violaciones, vejaciones varias y asesinatos a mujeres, en el cuerpo desnudo de la artista que estaba tumbada en una cama de una estancia a oscuras, con los ojos vendados y atada de pies y manos. De este modo, Regina José presenta la desnudez de la verdad, asumiendo en su cuerpo el eco visual y la memoria de todos esos cuerpos de mujeres malogradas.

También en 1999 realiza la acción El cielo llora tanto que debería ser mujer. En esta obra, Regina José se sumerge en una bañera, introduciendo todo su cuerpo bajo el agua, hasta casi ahogarse. Pasando así de un trabajo de proyección simbólica a un acto insoportable donde la muerte se acerca de un modo más real a su propio cuerpo. Desde estos primeros trabajos la artista denuncia la asfixiante atmósfera patriarcal imperante, ambiente donde el desnudo femenino está planteado para el disfrute sexual masculino. Regina José transforma esa desnudez femenina en un acto casi unido a la muerte de las mujeres, evidenciando que ese cuerpo sensual que aparece por doquier en los medios de reproducción masiva cruza una delgada línea para ser no solo objeto de deseo sino de consumo, ensañamiento y muerte. Probablemente,  en su performance No perdemos nada por nacer, realizada en el año 2000, conjugue de manera más efectiva esta planteamiento.

En este trabajo, Regina José es tirada en el basurero municipal de Ciudad de Guatemala, dentro de una bolsa de plástico transparente, totalmente desnuda e inmóvil. De la misma manera que nos deshacemos de los desechos y despojos, y del mismo modo que han aparecido mujeres violadas, descuartizadas, muertas. Es importante tener en cuenta que Regina José trabaja partiendo de problemáticas locales. En este caso Guatemala es el país del continente americano donde se sitúa el índice más elevado de violencia ejercida sobre las mujeres. Lo que la artista consigue con estas acciones es conectar con una realidad mucho más global, visibilizando no solo el horror de esas mujeres guatemaltecas sino el horror de todas las mujeres que han padecido y padecen tal ultraje.

A lo largo del 2000, Regina José realiza dos performances más, esta vez en una galería y en un museo. Valium 10 ml y Todos estamos muriendo, son dos piezas que muestran la consolidación de unas poéticas que versan sobre el adormecimiento social ante las emergencias de nuestro presente. A ello parece sumarle una crítica a la fuerte presencia del formalismo en el arte y sus instituciones, formalismo que podría leerse como otra forma de muerte, en este caso del arte.

Durante los siguientes años, la artista guatemalteca continua con su trabajo metafórico, centrada en las situaciones de sometimiento de las mujeres e incrementando paulatinamente su implicación personal a través de su propio cuerpo. Comienzan los trabajos que acabarán llevando a Regina José a las acciones más agresivas sobre su cuerpo como la conocida Himenoplastia. Su trayectoria artística en el inicio de la década de los 2000, se caracteriza por su continua preocupación sobre la situación de la mujer reducida a un cuerpo que además parece no pertenecerle, vinculando tal pérdida de identidad al sometimiento sexual por parte de los hombres. En trabajos como Esperando al príncipe azul, realizado en el 2001, Regina José muestra su preocupación por la imposición tradicional de reducir la sexualidad femenina a meros fines reproductivos. En esta performance la artista se tumbó desnuda en una cama cubierta por una sábana nupcial, solo se podía ver su vagina por un pequeño orificio de la tela.

También en el año 2001 Regina José realiza uno de sus primeros trabajos performativos en los que denuncia las diferencias sociales entre las mujeres indígenas mayas y ladinas [1]. En el trabajo Angelina, la artista, perteneciente a la etnia ladina, se viste de trabajadora doméstica durante un mes, realizando su actividad diaria con esta indumentaria. De este modo Regina José experimenta las incomodas y vejatorias situaciones a las que estas mujeres se ven expuestas. Además muestra un juego interesante de similitudes e incongruencias.  Las ladinas como es el caso de la propia Regina, suelen tener rasgos mayas porque tienen sangre indígena, pero en realidad no lo son porque no viven tal cultura, sino la occidental adoptaba en las urbes guatemaltecas. Tanto por el uso de la ropa así como otros gestos adoptados de la cultura occidental, las ladinas quedan fuera de ese bajo estatus indígena. Paradójicamente las índigenas también se visten con indumentaria occidental: el uniforme de sirvienta. Esto es lo que denuncia la artista en Angelina, mostrando como  esta situación se subvierte en otras regiones del mundo como son los Estados Unidos de América, Canadá o Europa: en estos países, son las ladinas, entre otros colectivos sociales,  las sirvientas. En lo que parecen coincidir todos estos grupos de servidumbre es en el género: la gran mayoría de personas que cubren estos trabajos son mujeres.

En esta línea de trabajo que reflexiona sobre la desigualdad y enfrentamiento también entre mujeres, Regina José lleva a cabo en el año 2002 una acción que manifiesta literalmente una lucha cuerpo a cuerpo entre dos féminas. Esta vez la mujer se encuentra doblemente vinculada a la violencia, adueñada de ella, ya que aquí aparece también como agente activo. La pieza se llamó Lucha, y en ella Regina José se enfrentó a una luchadora profesional, recibiendo una auténtica paliza. En este tipo de obras, Regina José también plantea cuestiones que tienen que ver con el espectáculo y por lo tanto con el espectador, ¿qué le pasa al público y por ende a la sociedad?, qué se ve inmersa en una vorágine de violencia que propicia y alimenta.

Continuando con esta preocupación sobre la violencia y el dolor causado, y sacando a la palestra el conflicto armado que sufrió Guatemala en los años 80, Regina José realiza en el año 2003 una de sus piezas más conocida y celebrada: ¿Quién puede borrar las huellas? Esta pieza se llevó a cabo en la Ciudad de Guatemala y consistió en la realización del camino desde la Corte de Constitucionalidad hasta el Palacio Nacional de Guatemala, dejando un recorrido de huellas hechas con sangre humana, en memoria de las víctimas del conflicto armado en Guatemala, en rechazo a la candidatura presidencial del ex-militar, genocida y golpista Efraín Ríos Montt [2]. Esta poética pero rotunda obra se emparenta con la que realizará un año después titulada El peso de la sangre, a la cual podemos sumar la sangre indígena derramada durante los procesos de colonización, conectando así pasado y presente.

Ese mismo año realiza en Costa Rica la performance Proxémica. En este trabajo la artista se encerró durante una noche y parte del día en un cubículo de ladrillos de cemento que ella misma construyó hasta quedarse aislada dentro de él. Para poder salir de la construcción, tuvo que romper una de las paredes con cincel y martillo. 

Aunque Regina José trabaja con una fuerte literalidad sobre aquello que quiere mostrar, su trabajo va más allá de la mera lectura o narrativa; lo más relevante es su esfuerzo por hacer visible algo que la sociedad sabe que ocurre pero que no quiere ver. También en este sentido realizó su obra más radical en cuanto a riesgos asumidos para con su integridad física: la ya citada Himenoplastia llevada a cabo en el año 2004 en una clínica de Guatemala. En este soberbio y descarnado ejercicio de implicación personal y social desde la práctica artística, Regina José ponía en primer plano la sobrevalorada virginidad femenina y toda la opresora y machista mitología que en torno a ella orbita. La artista no solo se hizo la himenoplastia [3],  sino que se hizo cortar los labios vaginales y estrechó la entrada de la vagina, imitando la práctica a la que muchos proxenetas en Guatemala someten a las mujeres que explotan sexualmente revendiendo así su virginidad. La primera relación sexual mantenida tras esta operación, hace que la vagina sangre además de ser profundamente dolorosa. Regina José puso en evidencia una espantosa práctica, así como el tabú y la hipocresía que existe en torno a la virginidad femenina en nuestras sociedades. Por este trabajo, Regina José recibió el León de Oro en la sección Artista Joven en la 51 Bienal de Venecia celebrada en el año 2005.

También durante el 2004, Regina José realiza, entre otras, la performance Boda Galindo Herrera, donde la propia artista se presenta en un estudio fotográfico de Ciudad de Guatemala especializado en fotografías de recién casados y donde se da la peculiaridad de que el fotógrafo es ciego. Ella estuvo esperando durante un tiempo al novio ficticio que nunca llegó, y finalmente se hizo la fotografía ella sola, vestida como una novia tradicional. En el corpus poético que Regina José configura en su trabajo, esta pieza se inserta de modo coherente aunque con una característica inexistente en el resto de sus creaciones: un ligero toque de humor. Esta vez desde un camino distinto, la artista guatemalteca nos muestra la presión que la mujer sufre ante las imposiciones sociales que la empujan al  matrimonio y a la procreación.

Ya en el año 2005, Regina José realiza su trabajo Toque de queda. En este caso se encierra durante diez días y completamente aislada en la Galería Le Plateau en París. En este ejercicio, que podríamos emparentar con el que ya realizó dos años antes titulado Proxémica, la artista reflexiona sobre las consecuencias que sufre el ser humano al estar privado de libertad. Dentro de este mismo léxico y añadiéndole la problemática de las fronteras nacionales, en el año 2008, llevará a cabo la obra America's Family Prison en el ArtPace de San Antonio en Texas.

En esta pieza, Regina José vivió durante 24 horas con su marido e hijo en una celda utilizada como modelo en una feria comercial de la industria de prisiones privadas en los Estados Unidos y que la artista previamente había alquilado. Experimentó lo que las personas latinas suelen vivir al pasar la frontera a los Estados Unidos de América, donde son convertidas inmediatamente en delincuentes y son metidas en prisiones donde se habilitan estas celdas de reducido tamaño, teniendo que vivir en ellas todos los miembros de la familia. Regina José explica como la política norteamericana, se autodefine e este respecto como garante de la unidad familiar. La artista denuncia el negocio estadounidense que suponen las prisiones a costa de la falta de libertad de seres humanos. Otros ejercicios reflexivos sobre la falta de libertad, son Camisa de fuerza y Yesoterapia, realizados en el año 2006. En estas dos piezas se presenta, desde un lenguaje muy sutil y simbólico, una sociedad insoportablemente enferma con métodos curativos basados en la inmovilización, dejando patente la obsesión por evitar la libertad de movimiento.

También en el año 2006, retomando literalmente la idea de huella además de mostrar un contacto con la naturaleza poco habitual en su trabajo, Regina José realiza Isla. En este caso la artista guatemalteca  quedó inmóvil en un arrecife de la costa de Santo Domingo en República Dominicana, formando un charco con sus propios orines. Un trabajo que recuerda inevitablemente a los trabajos que Ana Mendieta realizó sobre los elementos en los años 70. La cercanía en algunos planteamientos característicos sobre su obra y la de la artista cubana son muy evidentes: la sangre, el sacrificio, el cuerpo ultrajado, la huella...

En el año 2007 su trabajo se diversifica, involucrando activamente a otras personas en sus acciones. Su preocupación por las consecuencias de las fronteras nacionales le lleva a hacer la obra Curso de supervivencia para hombres y mujeres que viajarán de manera ilegal a los Estados Unidos. En este trabajo Regina José Galindo organiza e imparte un curso de supervivencia para personas que van a pasar ilegalmente la frontera. Esta preocupación por la ilegalidad de las personas dará lugar a la performance ya comentada America's Family Prison. Este tipo de temas van a convivir con la violencia ejercida sobre las mujeres, el dolor fisico y la sangre, tan presentes en su trabajo. Mientras, ellos siguen libres es una pieza realizada también el año 2007 donde la artista, embaraza de ocho meses, se muestra desnuda sobre una cama y atada de pies y manos con cordones umbilicales, del mismo modo que los hombres ataban a las mujeres indígeneas durante la guerra civil de Guatemala, para posteriormeente ser violadas y de este modo provocarlas, además del dolor y la humillación, el aborto.

 

Me ataron y me vendaron los ojos, tenía tres meses de embarazo, pusieron sus pies sobre mi cuerpo para inmovilizarme. Me encerraron en un pequeño cuarto sin ventanas. Les escuchaba decir malas palabras de mí. De repente vinieron al cuarto, me golpearon y me violaron. Empecé a sangrar mucho, en ese momento perdí a mi bebé.

Abril, 1992. Mazatenango, Suchitepequez. Guatemala: Memoria del Silencio. [4]

Fui violada consecutivamente, aproximadamente unas 15 veces, tanto por los soldados como por los hombres que vestían de civil. Tenía siete meses de embarazo, a los pocos días aborté.

Marzo, 1982. Chinique, Quiché. Guatemala: Memoria del Silencio.[5]

En este periodo la sangre permanece en trabajos como Ablución (2007), donde un expandillero se limpia la sangre humana que cubre su cuerpo.  Preocupada por las bifurcaciones que toma la violencia, Regina José realiza la acción 150.000 voltios (2007), en la que nos presenta la agresión legalizada. Situada cerca de la Iglesia de San Mateo en Lucca (Italia), Regina José permanece de pie e inmovil hasta que un hombre se le acerca y le da una descarga de 150.000 voltios con un dispositivo eléctrico que emplea la policia para detener sospechosos. La artista cae fulminada al suelo por la brutal descarga.

A lo largo de 2008 Regina José Galindo realiza más de diez acciones, de las cuales casi la mitad muestran una reflexión sobre la información que proporciona el cuerpo. Evidenciando al cuerpo como parte indispensable de nuetra identidad, realiza el trabajo Reconocimiento de un cuerpo. En esta performance la artista permanecía completamente anestesiada sobre una camilla, su cuerpo estaba cubierto por una sábana que la gente tenía que levantar para ser reconocida. Esta pieza podría emparentarse con Extensión  (2008), una acción colectiva realizada en Costa Rica. En esta obra tanto la artista como otras seis mujeres, se colocaron extensiones de cabello de cuatro mujeres desaparecidas y permanecieron con ellas durante un tiempo haciendo su vida cotidiana. Regina José emplea el pelo de estas mujeres para evocar su ausencia, a través de un elemento que pertenecía a un cuerpo somos conscientes de que ya no existe. El cabello es otro elemento recurrente en el trabajo de la artista guatemalteca, también empleado para denunciar el negocio que entorno a él se ha desarrollado. Las mujeres pobres e indígenas, para las que el cabello es portante de parte de su dignidad, se ven obligadas a venderlo para hacer pelucas que usarán mujeres occidentales con una capacidad adquisitiva superior. Todo esto se ve reflejado en su trabajo La Conquista (2009).

 

Durante los años 2009 y 2010 Regina José realiza gran cantidad de trabajos que dependen en parte de la actuación del público, fortaleciendo la interactuación.  Una de las piezas que dentro de esta línea realiza es Libertad condicional (2009). En este trabajo llevado a cabo en Livorno, la artista fue atada con siete cadenas y siete candados a la espera de que el público decidiera o no liberarla. Desde otro planteamiento, el público se hace especialmente necesario en las obras Caparazón y Punto ciego, ambas llevadas a cabo en el año 2010. En Caparazón se suma el ritmo de los golpes que con palos los espectadores propinan en la carcasa de metacrilato que protege su cuerpo desnudo. En el caso de Punto ciego, un grupo de personas invidentes identifican a la artista, violando su intimidad y desnudez tocando su cuerpo por todas partes.

 

En Piel de gallina (2012), permanece encerrada en una cámara frigorífica esperando a que el espectador o espectadora abra la compuerta y la observe o Tierra (2013), donde una máquina excavadora crea una tumba gigante alrededor de la artista en una explanada.


 

Regina José Galindo continua en esta línea de trabajo donde la violencia, la muerte, la tortura son reflejo de la sociedad en la que le ha tocado vivir. Guatemala es una de las protagonistas principales en la obra de la artista pero sus metáforas creativas son capaces de transcender cualquier frontera. Además realiza dibujos y poemas que no se pueden entender como actividades artísticas a parte, sino como elementos que integran un corpus artístico completo y complejo.

Soy un lugar común

 Soy un lugar común
como el eco de las voces
el rostro de la luna.


Tengo dos tetas
          -diminutas-
la nariz oblonga
la estatura del pueblo.

Miope
de lengua vulgar,
nalgas caídas,
piel naranja.

Me sitúo frente al espejo

y me masturbo.

Soy mujer
la más común
entre las comunes.

Regina José Galindo.

 

[1] La población ladina ha sido caracterizada como una población heterogénea que se expresa en idioma español como idioma materno, que posee determinadas características culturales de arraigo hispano matizadas con elementos culturales indígenas y viste a la usanza comúnmente llamada occidental. (Fuente: Revista-ea.com)

[2, 4, 5] Página web oficial de Regina José Galindo.

[3] Reconstrucción del himen colocando una fina capa de piel en el conducto que unen la entrada a la vagina con la vulva.

 

Más sobre su obra en www.reginajosegalindo.com.