Simeón Saiz Ruiz

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Obra

Serie Cuadros Negros. Negro I, 1984. Encáustica en algodón, 212 x 322 cm.Fueron los alrededores de su ciudad natal, Cuenca, lugar emblemático dentro de la vanguardia española, los protagonistas de las primeras fotografías y dibujos de Siméon Sáiz Ruiz. La orilla del río Júcar y los paisajes de su tierra coparon estas primeras obras. Este interés natural por el arte se vio impulsado tras conocer con 16 años a Fernando Zóbel, quien se convirtió en su maestro. Éstas serían sus dos primeras influencias claras: el entorno artístico conquense y la figura de Zóbel, quien familiarizará a Sáiz con el expresionismo abstracto, con la pintura de superficie americana y con los presupuestos puristas del arte minimalista ya institucionalizados en Estados Unidos.


En este marco crea Simeón Sáiz sus primeras obras, marcadas por ese purismo que se aprecia en obras como El río de Cuenca (1977) y otros trabajos expuestos en la Galería Edurne de Madrid en 1976.


Sin título. Aguafuerte 53 x 74 cm.Tras realizar el servicio militar, se marchó a Estados Unidos en 1979, donde vivió en Boston y luego en Nueva York, desde 1980 hasta 1986. Allí se encuentra su otro estudio, en uno de los puntos centrales de la cultura internacional actual: Manhattan. Durante estos primeros años creó obras pictóricas monocromáticas ligadas a la abstracción, como se observa en obras como Pintura en la pared, Superficies yuxtapuestas o Cuadros negros. Son unos años, los de la década de los 70, marcados por el color, algo que cambiará en los 80, como veremos a continuación.


 Como decíamos, en los años ochenta se produce una evolución en su trayectoria artística que camina poco a poco hacia la figuración, pues el artista considera que es la mejor manera de abordar y representar los problemas sociales que le interesan y preocupan.


Graffitis de varios autores en Mercer St. con Grand St. Nueva York.En este giro, juega un papel muy importante su acercamiento al graffiti, una expresión artística de carácter urbano y popular muy presente en el barrio de Brooklyn en el que residió el artista durante un tiempo. En esta técnica halló la forma de crear obras espontáneas que únicamente perviviesen gracias a la documentación fotográfica del propio artista. Esta disciplina no sólo la desarrolla al otro lado del Atlántico, sino que continúa su práctica a su vuelta a España en 1986. De hecho, serán las paredes de la capital, Madrid, los soportes de algunos de sus graffitis, un trabajo que desarrolla junto al fotógrafo G. R. Cao quien toma imágenes de las obras de Sáiz. De esta forma, cuando el graffiti desaparece, lo único que queda es la fotografía del mismo, convirtiéndose ésta en la obra en sí.


Serie La Muerte. La Muerte, 1985. Óleo, cera y collage en algodón. 290 x 400 cm. (dos paneles).


También en España continúa algunas de las series comenzadas en Estados Unidos como Vida privada, La muerte o Juguetes violentos. En estas series el artista conquense reflexiona acerca de la relación entre la pintura, la historia y la memoria y comienza a hacer uso de una iconografía de claro significado y simbolismo. Su recurso a estos signos es otra de las líneas centrales de esta década de los 80 en la trayectoria artística de Simeón Sáiz. Adopta, por ejemplo, el icono de la muerte, uno de los más recurrentes de la historia del arte, que el artista centra en su conexión con la violencia como metáfora del impulso destructivo del subconsciente y causa de la situación de la sociedad actual.


 Serie Vida privada. La Vida, 1985. Acrílico, óleo, cera, spray y collage en algodón. 270 x 350 cm. (dos paneles).Todas estas experiencias van consolidando la figura de Siméon Sáiz y son etapas de un camino que en los años 90 se centra en una reflexión y análisis de la imagen, entendida como construcción cultural, manipulada ideológicamente y, por lo tanto, portadora de un conocimiento sesgado y no válido de la realidad. El artista ha sido siempre consciente del poder de los medios de comunicación para deformar y moldear la realidad, una realidad que es la que se muestra como verdadera y única a los espectadores. En este marco es donde surgen obras como Masculino/Femenino (1990), Sobre la pornografía, proyecciones y fetiches (1993) o la serie J’est un je (1996).La guerra, la violencia, la identidad o la muerte son temas recurrentes en la obra de Sáiz, un artista que afirma que el arte contiene actualmente una parte considerable de espectáculo, mientras que lo que él reivindica es precisamente lo contrario, un arte “ético”, pues es consciente del poder del mismo, de su capacidad para generar ideas y, más importante aún, asegura que “el arte cambia la vida”.