Valeriano López

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Entrevista

Francisca Baena. Cuénteme: qué diferencias has apreciado, según los circuitos en los que se ha exhibido, en la recepción de tu obra más emblemática hasta la fecha: Estrecho Adventure. Quiero decir que empezó su singladura en el Festival de Cine de Alcalá de Henares, o sea, en un ámbito puramente cinematográfico, pero últimamente se ha visto sobre todo en espacios museísticos. ¿Has notado alguna diferencia digna de mención en la respuesta del público?


Valeriano López. La respuesta del público suele ser la misma: todos reaccionan ante la inmediatez de esa máquina que habla claro.


F.B. Eso me recuerda algo que hablaba con Ángeles. Benjamín habló de la pérdida del aura en las obras de arte con el advenimiento de las técnicas de su reproductividad, básicamente la fotografía y el cine. Se perdían, así, una serie de valores históricamente asociados a la contemplación estética, pero a cambio se ganaban otros. No hay que olvidar cómo terminaba Benjamín su ensayo. Y bien, tú provienes de las Bellas Artes, pero en un momento dado decides recurrir al cine, supongo que en parte concernido por consideraciones de este tipo. Sin embargo decides no seguir por ahí, sino que, sin dejar de hacer películas, prefieres encauzarlas en circuitos en cierto sentido "menos naturales" para el medio, o sea, que aceptan peor la pérdida del "original" y precisan condiciones de recepción mucho más limitativas. ¿Qué ganas con ello?


V.L. Si profané la frontera del celuloide fue buscando un lenguaje para un proyecto concreto y esa misma razón me ha llevado a otros lugares. Por ejemplo, mi siguiente propuesta consistía en meter una patera naufragada dentro de una botella y abandonarla a la deriva en la noche del océano. La realidad virtual solucionaba la cuestión técnica y le aportaba una buena carga semántica (Aldea Fatal señala la pieza). Una historia detenida, sin posibilidad de desarrollo, condenada al bucle de su propia enunciación. Insostenible. ¿Quién iba a sentarse indefinidamente a presenciar el naufragio de un mensaje? ¿A que productor interesaría? De ninguna manera se sometía al imperativo de los 35 mm. Pero eso no debía ser importante, más bien se trataba de encontrarle un medio y hacerla naufragar en la web parecía lo más conveniente.


Te lo voy a ilustrar de otra manera que quizá hable más claro de cuales son mis intereses: Me invitaron a participar en PaseArte (estudios abiertos en Sevilla, 2001). Ese día el público tenía la oportunidad de penetrar en el aureolado estudio del artista. Acepté considerando que era una buena situación para proponer algo específico. Se editó un plano de la ciudad con las direcciones de los artistas participantes. Se anunció en televisión. Amaneció un domingo soleado. Los sevillanos se echaron a la calle y la dirección que figuraba con mi nombre correspondía a una "casa de putas". Pude buscar la forma de grabar en vídeo las distintas situaciones que se presentaran. Darle un formato previsible. Sacarle partido artístico. ¿Qué hubiera sumado? Sólo en el encuentro real aquí/ahora y desde el extrañamiento y la agresión vividos podía activarse el discurso.


F.B. y ¿Cómo ha sido la experiencia de lanzar la botella al mar electrónico? ¿Has tenido noticias de su deriva? ¿Ha producido ecos de los que sepas?


V.L. Mucho océano y mucho silencio. Fue un naufragio en toda regla, pero volvió cargada de mar y mal electrópico. Aldea Fatal mutó en una explosión que infectó el circuito de pateras, palmeras e identidades... Y mutó en un cd-rom basado en hechos virtuales, con nuevas formas y nuevas combinaciones. De espíritu clandestino y pirata, cada persona a la que regalo una copia es libre de copiarlo y regalarlo cuantas veces quiera. La patera ha vuelto al océano y la máquina ha dejado de pertenecerme.


F.B. Es muy estimulante oírte hablar. Escucho en tus palabras una pasión que quizá sólo encuentro ya, resistiendo a pensar de todo, en posiciones claramente transgresoras. ¿Cómo ves tú, en tanto que actor o actante de los circuitos artísticos, la vida que late en ellos? ¿Crees que queda aún? ¿Dónde la sientes?


V.L. En el ano (del circuito cerrado). Como argumenta Beatriz Preciado: "El corrimiento provocado por el dildo no equivale a una sustitución del centro, incluso vacío, mediante la imitación de un modelo original. Es la conversión de cualquier espacio en centro posible lo que traiciona el origen. Hay que desterritorializar el sexo. Entonces, todo es dildo. Todo se vuelve orificio".


F.B. Un dildo es un consolador, ¿no? ¿Hablas de lo perverso polimorfo? ¿del cuerpo sin órganos de Deleuze y Guattari? ¿de la mística (el puro goce, el cuerpo todo llaga)?


V.L. El dildo no consuela. Habla. "Falta el lenguaje, Julián."


F.B. Y otra cosa. Sé sabemos, la distancia que media entre la realidad y el deseo, y la frustración que pueden llegar a acarrear los malentendidos, por ejemplo los que propicia la resistencia de la máquina a la que aludías al principio, que llega incluso a suplantarte a ti, o a tu deseo precisamente (me refiero a esa insistencia que hace que te la sigan reclamando una y otra vez como si aún fuera tuya, o que por extrañas circunstancias ocupe en alguna exposición el lugar que le correspondía a otras obras), o por ejemplo otras resistencias más prosaicas pero no menos inquietantes como las de las máquinas materiales de las que depende que tus enunciaciones tengan efecto, o sea, la dependencia de las tecnologías (y de sus agentes). Sin embargo, y una vez más veo ahí una pasión sostenida y un fuerte compromiso, no claudicas.


V.L. Han sido contabilizadas cuatro preguntas:


1ª: El deseo no está en mí sino en la máquina, o al menos ese es nuestro deseo;


2ª: Esas otras instancias a las que te refieres, tienen el deseo de ahorrarse el dinero que costaría una producción nueva.


3ª: La tecnología es el Verbo, efectivamente, y si se la empuña bien, puede ser un arma de construcción masiva";


4ª: ¿Claudicar? Cito a Augusto Monterroso: "Hoy me siento bien, en Balzac. Estoy terminando esta línea."


F.B. Y en ese empeño revolucionario que mencionas, ¿estás solo? Quiero decir: ¿sigues trabajando en o con colectivos en los que disolver tu nombre, como hiciste en tus comienzos?


V.L. No soy un revolucionario. Soy un petarda (femenino de hombre-bomba) versátil y móvil que gusta rodearse de gente y de trabajo. Me adhiero puntualmente a proyectos que me interesan. Me uní con mi cámara de vídeo, a un director de teatro y a un actor para montar La Última Cinta Krapp de S. Beckett. Un trabajo concienzudo que nos llevó cerca de dos años. He participado en proyectos musicales o como ahora, que estoy inmerso en Nuevas Cartografías de Madrid, una investigación etnográfica y artística que reúne a más de veinte personas. También trabajo para las Escuelas de Arte de Andalucía y cada año pasan por mis manos unos cincuenta estudiantes con los que desarrollo mi revolución particular que consiste en coger una piedra y adentrarnos en las metáforas.


Baena, Francisca. La realidad contaminada >> visiones críticas sobre el presente. Calidad Gráfica, 2003. EC 2302