El arca rusa

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La película

Aquí se refleja muy bien el concepto de narración histórica que Sokurov nos quiere transmitir. Mediante una steadicam, persigue a los diferentes personajes a través de las distintas salas del museo Hermitage, en San Petersburgo recreando personajes y hechos que ocurrieron en el museo cuando era palacio de los zares pero “atrapando” ambientes históricos diferentes en un largo plano secuencia.


Los decorados son naturales: la acción se desarrolla en el gran complejo del Hermitage, que abarca el palacio de Invierno y los bloques adyacentes, uno de los cuales mandó construir Catalina la Grande con tal nombre y que, por extensión, es el que adoptó esta enorme pinacoteca que en la actualidad está preparando el 250 aniversario de su fundación como institución museística, lo que ocurrirá en 2014.

Sorprenden apariciones estelares de personajes que antaño habitaron esas estancias, como Pedro el Grande, fundador de la ciudad de San Petersburgo, Catalina la Grande, el último zar, Nicolás, con su familia, en acciones resueltas con naturalidad pasmosa. Personajes o espacios reconstruyen, de alguna manera, los distintos acontecimientos que han jalonado la larga existencia del museo, antiguo corazón del poder imperial ruso.

Con testigos de tal calibre, Sokurov nos recrea distintos ambientes, inconexos entre sí, asincrónicos, que permiten una nueva experiencia del hecho histórico, una impresión del mismo, no una reconstrucción histórica al uso. El clima húmedo y frío de la cudad del Neva, con su atmósfera brumosa y la grandiosidad de las salas de época zarista terminan de configurar un marco espacio –temporal donde desfilan personajes que por sus ropas los identificamos como contemporáneos o de épocas distintas.

La proximidad física entre personajes de épocas diferentes que coinciden a veces en un mismo espacio nos hace creer en algún momento que es posible establecer entre ellos algún tipo de comunicación mágica entre ellos. Nuestro único nexo de unión entre el espectador y la acción o acciones que “transcurren” es el diálogo entre el noble francés que mira a la cámara y la voz en off de Sokurov.

Trabajo de los actores y extras, en palabras del director, fue frenético, debido a que la cámara debía seguir el recorrido programado por las salas del museo en un todo continuo. Cada figurante y actor debía estar preparado en el lugar y momento apropiado. Sólo por la resolución de este gran problema logístico, esta película sería digna de tener en cuenta.

Es de destacar, no obstante, la ayuda del personal y la dirección del museo, ya que debía rodarse dentro del mismo día, en el único momento en el que el museo cerraba sus puertas al público. Para ello, el material técnico y demás preparativo básico como la iluminación y el vestuario debía estar a punto sólo para ese momento. Algunos responsables del museo no quisieron faltar a la cita y colaboraron como actores en la película.

No obstante, es novedosa en cuanto al esfuerzo por superar, según Sokurov, la limitación del lenguaje cinematográfico en su capacidad expresiva, ya que sólo traslada o adapta otras formas artísticas como la pintura, el teatro, la literatura, pero no ha sido capaz aún de crear un sistema propio

 

A pesar de decantarse por este largo plano secuencia para esta cinta, contra todo pronóstico, en ningún momento resulta lenta o monótona. En ello es determinante la elección de los decorados naturales, la composición, el excelente manejo del color y el claroscuro, que mantiene una atmósfera etérea que nos sustrae de una temporalidad fija, ya que en espacios contiguos o, incluso, un mismo salón, ocurren hechos históricos cronológicamente distantes.

La obsesión de Sokurov por el plano secuencia es según él, el aspecto más abandonado del cine, que desde sus orígenes se ha basado en el montaje. Así pues, este es el caso más claro que tenemos de un plano continuo, sin cortes, pero que no equivale, sin embargo, a un tiempo “real” sino que se mezclan tiempos cronológicamente separados por decenas o cientos de años, pero en un mismo lugar, con personajes que a veces parecen relacionarse o hablar entre ellos.

Sokurov muestra su apego por el arte y la historia rusas, de ahí el título, ya que es como un arca de Noé que, contra todo pronóstico, flota en medio de la tempestad de un país arrasado varias veces por la guerra, como faro atemporal que ilumina y llena de orgullo al pueblo ruso.

Es una de las películas de mayor éxito de crítica de Sokurov, con casi veinte premios y nominaciones, entre ellos, la nominación a la Palma de Oro del Festival de Cannes.