Guernica de Picasso: historia, memoria e interpretaciones

Las esculturas de Picasso en el Pabellón del 37

 

Pablo Picasso tuvo la participación más extensa de todos los artistas convocados en el pabellón español de 1937. Además de su incónico Guernica, el artista malagueño participó también a través de la realización de grabados y esculturas. De toda la aportación de Picasso para esta exposición internacional lo único que no fue realizado ex profeso para el acontecimiento fueron las esculturas que cedió para los jardines y para la segunda planta. En su mayoria fueron bustos de mujer realizados a principios de los años 30 durante su estancia en la localidad francesa de Boisgeloup, el mismo lugar donde Julio González le enseñó sus avances con la soldadura del hierro. En estas esculturas que Picasso realiza entre 1931 y 1934 hay una preocupación por el volumen y la expresividad, abandonando las premisas pictóricas que tanto habían pesado en su trabajo escultórico anterior. Las generosas dimensiones de estas obras las situaban como las esculturas de mayor tamaño y peso dentro de la producción de Picasso.

 

En estas piezas prevalece el tema siempre recurrente de la mujer como musa, algo que a priori se aleja del contenido del pabellón. Es importante tener en cuenta que Picasso ya era una figura consagrada en 1937 por lo que tener las piezas escultóricas de mayor calado en la trayectoria del malagueño era un logro para el pabellón desde el punto de vista artístico. Dentro de este conjunto de esculturas hay una que se empareja con el Guernica: la Mujer con vaso o Dama oferente ofrece a través de su brazo extendido lo que también podría ser un candelabro, del mismo modo que en la pintura mural una mujer extiende su miembro portador de luz. Esta pieza de 2,25 m de altura, tiene una aire y textura arcaica, con una masa globulosa que recuerda a una diosa de la fertilidad, portadora de vida. [1]

Las esculturas de Picasso expuestas en el pabellón español fueron previamente  realizadas en yeso. La que se expuso en la segunda planta se dejo en este material mientras que las que fueron mostradas en el jardín se vaciaron en cemento. Por consejo de su secretario y amigo Jaime Sabartés, Picasso realizó todas estas piezas también en bronce, de este modo aseguraba su perdurabilidad.

Sueño y mentira de Franco (1937)

Aunque el Guernica siempre se ha señalado como la obra de Picasso que mejor demostró su apoyo a la II República, en realidad hay otras dos más evidentes y propagandísticas: el grabado Sueño y mentira de Franco (1937) y la pintura Retrato de la marquesa de culo cristiano echándole un duro a los soldados moros defensores de la virgen (1937). Será la primera de estas la que también estará presente en el Pabellón del 37.

En este trabajo Picasso se mofa abiertamente de Franco y del bando nacional-católico a través de una serie de imagenes de complejo significado pero de muy elocuentes evocaciones. El día 8 de enero de 1937 Picasso comienza la primera plancha del grabado con aguafuerte que será Sueño y mentira de Franco.  Esta plancha es realizada con la técnica del grabado en hueco o grabado calcográfico sobre dos planchas de cobre, siendo aproximadamente de 31x42 cm con una composición subdividida en nueve viñetas rectangulares de unos 9x14 cm. Al día siguiente realiza la segunda plancha siguiendo el mismo modelo aunque dejando libres las cuatro últimas viñetas de la composición. Esta plancha se completó el 7 junio, una vez finalizado el Guernica. El lenguaje plástico de las cuatro útimas viñetas difiere del aire irónico de las anteriores y se acerca a la tragedia de las imagenes de la pintura mural así como a las mujeres plañideras que realizará entorno al tema. La técnica empleada por Picasso para la realización de estos grabados le permitió un trazo fluido y espontáneo que dio lugar a una imagen de líneas negras sobre fondo blanco.

La separación de unos milimetros entre las viñetas responde a la idea primigenia de cortar las imágenes, dando lugar a pequeñas postales que se venderían en el Pabellón español del 37 y así recaudar fondos para la causa republicana. Finalmente esta idea se desestimó, editándose una carpeta con los grabados acompañados de un poema en edición facsímil de un manuscrito del propio Picasso [2]. Se expuso en la planta baja del pabellón, exactamente frente al Guernica, y se vendió a una precio asequible. Este cambio de planes modificó el orden del relato que el artista proponía en un primer momento, la primera viñeta pasaría a ser la tercera, etc.

Respecto al elocuente título cabe comentar que es un juego de palabras de los que tanto gustaban a Picasso. Apunta Juan Antonio Ramírez en uno de sus textos dedicado al Guernica, que probablemente Picasso escogió este título porque en su traducción al francés se hacía especialmente atractiva en lo fonético: Songe et mensonge de Franco. Generando esta sonoridad burlona, Picasso muestra desde la ironía de un humor muy negro, lo absurdo e injustificado de la sublevación militar. Del mismo modo el título recuerda a los de dos grabados de Goya de la serie Los Caprichos: El sueño de la razón produce monstruos y El sueño de la mentira y la inconstancia. Sueños y mentiras que Picasso asocia a los sublevados contra el legítimo gobierno. Del mismo modo la idea de sueño y falacia está muy ligada a la tradición literaria en castellano, siendo especialmente reconocible en los escritores barrocos del Siglo de Oro.

 

[1] La dama oferente (1934) fue colocada en la tumba de Picasso, por expreso deseo del artista.

[2] El 9 de junio de 1939 Picasso autorizó el corte de las viñetas a modo de estampas individuales. Se venderían en el periplo que inicia el Guernica por los Estados Unidos de América para recaudar fondos para los refugiados españoles. Viñetas en el frente. Málaga: Museo Picasso de Málaga, 2011; p, 22.