Guernica de Picasso: historia, memoria e interpretaciones

Josep Renau, valenciano, fotomontador, pintor y comunista, fue nombrado Director General de Bellas Artes el 9 de septiembre de 1936 y se mantuvo en el cargo hasta el 22 de abril de 1938. Cuando asumio la responsabilidad contaba con 29 años de edad, nadie tan joven ni comprometido artista de vanguardia había ostentado tal cargo en un departamento ministerial. Su labor fue excepcional, no solo por la cincunstancia bélica por la que pasaba el país, sino por la eficiencia de su gestión. La línea de trabajo que reoganizó Renau durante su mandato fue la protección, difusión y fomento del patrimonio artístico y cultural; todo ello bajo las premisas de propaganda y activismo sociocultural. Su trabajo estuvo cerca de las tres capitales que tuvo la República durante la guerra: Madrid, Valencia y Barcelona, pero otra ciudad fue crucial en su labor como director: París. La capital gala mediante su exposición internacional de 1937 y la presencia de los más reseñables artistas españoles que allí vivían, le sirvió a Renau para dar a conocer al mundo la espantosa situación por la que atravesaba España. El valenciano se convirtió en un puente entre la acción cultural interna, y la actividad artística y política focalizada en París.

El primer golpe de efecto de Renau en el cargo fue proponer a Picasso como Director del Museo del Prado. Mandó una carta al malagueño con la propuesta, a la que este repondio con un emocionado sí además de posicionarse claramente al lado de la República,  incondicionalmente al servicio del gobierno. Una vez realizado el nombramiento oficial de Picasso como director del Prado, Renau se dispuso a viajar a París en diciembre de 1936 para pedir a los artistas españoles más internacionales su participación en el ya mítico pabellón español del 37:

 

La misión que me llevó a París en diciembre de 1936 era inminentemente política: invitar a los numerosos artistas españoles residentes allí a participar en la lucha antifascista que sostenía el pueblo español, bien proponiendo alguna obra concebida especialmente para el Pabellón de España en la EIP´37, o bien exponiendo en éste obras ya realizadas. En el primer caso- y si se trataba de una obra inmueble (pintura mural, por ejemplo)- el artista invitado podía escoger libremente el emplazamiento que considerase más adecuado a su colaboración, de acuerdo-naturalmente-con los planes y planos de los arquitectos contsructores del pabellón. En la lista de prelaciones de los artistas invitados que me traje de España, Picasso figuraba en primer lugar. Y el gran artista español entendió cabalmente el hondo alcance del mensaje que le transmití (...)Yo podía regresarme a España tranquilo y bien seguro de lo principal: hiciera lo que hiciera Picasso para nuestro pabellón, era ya indudable que la resonancia de su enorme personalidad redundaría en la simpatía y credibilidad hacía la causa de la República en armas en importantísimos círculos intelectuales que hasta entonces no habíamos logrado alcanzar con los medios normales de la propaganda y de la información.[1]

De este encuentro que relata Renau en 1981, surgió el icónico mural del Guernica. De la visita a París, la participación de otros artistas tan destacados como Joan Miró o Julio González.

La coordinación y petición de colaboración no fue su única labor con respecto al pabellón, Renau estuvo detrás de los fotomontajes que se expusieron en París, tanto en las salas como en la fachada del edificio de Sert. Picasso conoció bien el trabajo del fotomontador más destacado en aquel tiempo, además de comprender cual sería el efecto de su Guernica ante los políticos y efectistas carteles del valenciano. Por otra parte, la realización de las fotografías de Dora Maar sobre el desarrollo de Guernica fueron de máximo interés para Renau. Se cree que fue el mismo Renau quien trajo estas fotografías a Valencia, donde aparecieron publicadas por primera vez en la revista Nueva Cultura en el número de junio-julio de 1937. Esta rica comunicación entre lo que ocurría en París y en la capital del gobierno en aquel tiempo, Valencia, gracias a la correa de transmisión en la que se convirtio el propio Renau, hizo posible que las importantísimas fotografías de Dora Maar esten hoy en nuestros archivos estatales.

 

 

 

[1] Viñetas en el frente. Málaga: Museo Picasso de Málaga, 2011; p, 16. EC 4543