Guernica de Picasso: historia, memoria e interpretaciones

"Alberto era un hombre muy grande, como aquella escultura que presentó en la exposición de París" Picasso.

 

Cartel del Pabellón español con la escultura de Alberto en primer término, "El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella" (1937).

Alberto Sánchez, escultor y pintor toledano, fue reclamado por el arquitecto Luis Lacasa para la realización de una escultura que formaría parte del pabellón español de la Exposición del 37. Estando en París realizó su emotiva pieza escultórica El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella. Esta obra de 12,5 metros de altura fue realizada en cemento monocromo trabajado, tenía una basa que en realidad era una rueda de molino de granito traída desde España con tal finalidad y en su parte superior estaba remata con un estrella roja realizada en otro material, probablemente bronce. Un elemento, que podría ser una paloma, se apoyaba en uno de los sobresalientes de la escultura. Precedía a la fachada principal en su extremo derecho y estaba cerca de los fotomontajes de Renau que remataban la edificación.

La obra de Alberto se caracterizó en gran parte por su compromiso ideológico, político y social. El origen humilde del artista toledano le llevó a la realización de innumerables labores desde la infancia: trabajó de hortelano, herrero, porquero, como aprendiz de zapatero, aprendiz de escultor-decorador, de panadero... Todos estos oficios se destilan en su trabajo artístico llevándose la máxima influencia su dominio del pan. Desde 1910 perteneció a la organización obrera socialista, siendo precisamente en esta organización donde mostró sus primeras obras de arte. Alberto tuvo siempre una solida conciencia de clase que no solo se vio reflejada en su trabajo sino en sus decisiones vitales. Para poder realizar su actividad artística no pudo dejar de trabajar por lo que se entregó a una tarea ímproba entre el horno de pan y sus pinturas y esculturas; de ahí que gran cantidad de sus obras reflejen el sentido heroico del trabajo.

 

Finalmente en 1925 se da a conocer en la exposición de Artistas Ibéricos celebrada en Madrid [1], introduciéndose definitivamente en los circulos de intelectuales que estaban  llevando a cabo la vanguardia cultural española, crucial para la proclamación de la II República.  Comienza a colaborar con Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Miguel Hernández... En 1932 realiza los decorados para Fuenteovejuna que representa la compañía teatral dirigida por Lorca, La Barraca. Del mismo modo que Picasso y otros tantos artistas de vanguardia, Alberto tendrá una dilatada producción en su faceta escenográfica, frenada por el estallido de la guerra. Alberto se alista en el frente de Guadarrama pero pronto será reclamado cerca del gobierno en Valencia, donde realizará los telones y las escenografías de obras teatrales como El cerco de Numancia de Miguel de Cervantes o Las germanies de Valencia de José Bergamín y Manuel Altolaguirre. En 1937, durante su estancia en la capital levantina, será llamado por Luis Lacasa para su participación en el pabellón de la exposición internacional de París.

 

Realiza entonces El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, una obra que refleja el estilo y la preocupación artística que Alberto venía expresando desde finales de los años 20. Su forma y dimensión sugiere un sinfin de evocaciones, en una mezcla o simbiosis perfecta de naturaleza terrestre y cosmológica.  Las leves ondulaciones recuerdan la formas del pan amasado tan presente en obras como La Maternidad, Mujer de la estrella o Monumento a los pájaros, donde por cierto aparecen dos elementos que tienen que ver con lo celeste o aéreo tan en consonancia con la pieza del pabellón. Otra aspecto muy destacado de la pieza es su largo y poético título, en consonancia a la altura que adquiere la propia escultura. El aspecto lírico de este u otros títulos de Alberto, así como la propia poética o literalidad de su trabajo, es algo que entronca a la perfección con la realidad de la vanguardia española tan vinculada a lo literario. Como explica Fernando Martín el título de la obra del pabellón es una poesía sencilla, hondamente humana, brotada de ese instante privilegiado que constituye el momento de la inspiración.   El título y el elemento antes comentado de la basa,  una rueda de molino, no son por lo tanto elecciones baladíes. Del esfuerzo, del trabajo del pueblo se llegará a la paz. Alberto muestra un deseo y una esperanza colectiva de victoria y paz.

La pieza que realizó Alberto para el pabellón respondía a la perfección a la esencia de su entorno físico y humano, algo que inspiraba toda su obra. Este singular escultor amaba profundamente los campos toledanos que le vieron crecer y algo de estos estuvo siempre presente en su trabajo. Existió siempre en su obra un equilibrió entre la tradición y la vanguardia, demostrando nuevamente la realización de un arte cercano a la raiz sin caer en el mero folclore. En 1959, se celebró en Moscú una exposición restrospectiva dedicada a Alberto con obra desde 1928. Iliá Erenburg comentó al respecto:

Lo que más impresiona aquí es la comprobación de que a los veinte años de forzoso exilio, Alberto sigue siendo español y artista por los cuatro costados. Tercamente español y artista.[2]

Tras el fatal desenlace de la guerra civil Alberto se exilia a Moscú donde fallecerá en 1962.

 

[1] Enrique Azcoaga. Alberto. Artistas españoles contemporáneos. Pamplona: Ministerio de Educación y Ciencia, 1974; p, 11.

[2] Fernando Martín Martín. El pabellón español en la Exposición Universal de París de 1937. Sevilla: Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1982; p, 75.