Guernica de Picasso: historia, memoria e interpretaciones

A causa de la exposición internacional de París, fuí un día con mi amigo Miró a ver el lugar donde iba a levantarse el pabellón español, en el que debía hacer él una gran pintura. Encontré a José Luis Sert , arquitecto del pabellón. Cuando ví lo que pasaba en el pabellón, que comprendía el Guernica de Picasso, ofrecí inmediatamente mis servicios para hacer cualquier cosa. Sert estaba en contra de mi participación pues evidentemente yo no era español, pero cuando más tarde el recibió una fuente para valorar las propiedades del mercurio de Almadén, la cual parecía una fuente cualquiera, él me llamo para sacarle del dilema. [1]

El propio Alexander Calder relataba de este modo el por qué de su participación en el Pabellón de la República. En estos comentarios ya nos apunta el dato de que existía una fuente que fue con la que él realizó el trabajo definitivo. Los arquitectos Josep Lluis Sert y Antoni Bonet comentaron, en sendos testimonios, de donde provenía la fuente primigenia:

La fuente vino de España, era de mercurio, vino en malas condiciones, teniendo unos mecanismos muy complicados y forma de bombeo. El mercurio tal y cómo se veía de la fuente que se trajo de España parecía agua. (Dadas las circunstancias ) Calder intervino por sus conocimientos en la materia. J.L. Sert [2]

Cuando estaba el pabellón a medio construir, llegó a París un camión procedente de España, con una nota en la cual se advertía que su contenido había de colocarlo en lugar preferente por su significado político. Una vez abierto el camión vimos que era una fuente de mármol blanco que había sido utilizada en la Exposición Internacional de 1929 de Sevilla. A. Bonet[3]

Para solucionar los dos problemas que se encontró ante la fuente de 1929, uno ténico y otro formal, Calder diseñó una nueva fuente que mandó construir en hierro forjado, rehaciendo toda la armadura metálica de la obra y reformando todos los mecánismos técnicos. Consiguió que el mercurio, añadiendo un poco de agua, circulase con mayor fluidez y poner en valor las cualidades del metal líquido. El resultado final de la obra lo describe el propio Calder de este modo:

La fuente de Mercurio constaba de un estanque circular cuyo diametro era aproximadamente de 2.20 metros, rodeado por una barandilla de tubo. En el centro del estanque había un surtidor que partiendo de un tubo situado bajo tierra de un centímetro y cuarto de diamétro se eleva unos setenta y cinco centimetros y sobre la superficie. Junto a él, se encontraba un brazo de metal fijo que sijetaba a un vástago en cuyos extremos tenía como parte un ensanche en forma de pala o timón, y por la otra punta se enlazaba con otro y más finmas varillas con un disco rojo en la parte inferior y en el otro vértice, colgando de una pequeña cadena las letras en cobre que formaban la palabra Almaden. [4]

La obra de Calder supuso uno de los mayores atractivos del pabellón que situada en un lugar privilegiado, en la zona central de la partecubierta de la planta baja, entre el Guernica y la vitrina Poeta asesinado en Granada, permitía que el público pudiera contemplarla comodamente. Por orden del gobierno, la fuente debía tener un lugar preferente.

 

 

En el trabajo de Alexander Calder había habido una preocupación por crear movimiento en sus esculturas, le proporcionó a sus obras desmaterialización y policromía. En los años 30 es cuando realiza sus más bellos y completos móviles: Calderberry Bush (1932),  El Marco blanco (1934), La Mante (1936) o Nasa Langostera y cola de pez (1939). Aunque el gobierno de la República quería poner en relevancia la importancia que tenían las minas de mercurio de Almadén, Calder no se limitó a este hecho, sino que consiguió además realizar una obra de arte incluida en su lenguaje artístico de aquellos años.

El mercurio había sido una de las fuentes de mayor riqueza tradicionalmente para España. Ante la situación bélica había adquirido una mayor relevancia al verse revalorizado por la relación directa que tiene con la fabricación de armas. Durante el mes de marzo de 1937, había habido una gran ofensiva, aunque fallida, por parte del bando nacional-católico, tanto al yacimiento de Almadén como a toda la región minera de Peñarroya. Las minas de Almaden se convirtieron en un símbolo para el gobierno que había que preservar.

No hay documentación que acredite que Calder fuese premiado por parte del gobierno de la República o que recibiera algún tipo de reconocimienteo por participar de un modo tan brillante en un pabellón ajeno a su país. De algún modo reflejaba lo que muchos estadounidenses sentían por la guerra civil española, una gran preocupación e incluso cierta obsesión debido a la lectura romántica que se hizo del conflicto. A través del Batallón Abraham Lincoln los estadounidenses participaron en las Brigadas Internacionales que lucharon en la guerra apoyando a la República.

Finalmente La fuente de Mercurio, una vez finalizada la guerra, fue desmontada y pasó a ser propiedad de Calder, por lo que permaneció en el taller francés de este durante casi cuarenta años que fue donada a la Fundación Miró. En la actualidad la obra puede contemplarse en Barcelona, en la sede de la fundación de su gran amigo Joan Miró.

 

[1] Fernando Martín Martín. El pabellón español en la Exposición Universal de París de 1937. Sevilla: Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1982; p. 107.

[2, 3, 4] Fernando Martín Martín. El pabellón español en la Exposición Universal de París de 1937. Sevilla: Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1982; p. 108 y 109.