Metamorfosis arquitectónica: nuevos usos culturales para viejos edificios

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Museo Patio Herreriano, Valladolid

 

 

Uso original: claustro del monasterio de San Benito de Valladolid

Fecha construcción: 1596-1665

Arquitecto: atribuido a Juan de Herrera

 

  

                                                                                               

Uso actual: Museo Patio Herreriano

Fecha inauguración: 4 junio 2002

Fecha rehabilitación: 2001

Arquitectos: Juan Carlos Arnuncio, Clara Aizpún y Javier Blanco; Juan Ariño (proyecto museográfico)

Dirección: C/ Jorge Guillén, 6, 47003 Valladolid

Tel/Fax: 983 362771 / 983 375295

Web: http://www.museopatioherreriano.org/

 

   

 

Historia del edificio:

En el solar que hoy ocupa el Museo Patio Herreriano, antes Monasterio de San Benito, se ubicaron en los siglos XII y XIII los Reales Alcázares. En el s. XIV esta fortaleza perdió su función defensiva para convertirse en monasterio benedictino. La primitiva iglesia del monasterio ocupaba el espacio de la antigua capilla del Alcázar (capilla de San Ildefonso), y a sus pies se construyó una importante capilla funeraria, la de Don Sancho de Rojas, hoy de los Condes de Fuensaldaña. La orden benedictina practicaba una clausura estricta y voto de silencio, lo que suponía una ruptura en la relajación de costumbres de la Iglesia en la Baja Edad Media. En los siglos XIV y XV recibió numerosas donaciones de nobles y eclesiásticos y pasó a convertirse en cabeza de la orden en España. Estas contribuciones económicas y su cada vez más extenso poder le permitieron ir acometiendo sucesivas reformas y ampliaciones.

A finales del s. XV pudo construirse una gran iglesia para el monasterio (actual iglesia de San Benito) en la que participaron algunos de los mejores arquitectos de la época, como Juan de Arandia y Rodrigo Gil de Hontañón, y a finales del s. XVI se encargó al arquitecto Juan de Ribero Rada el diseño de un nuevo y más amplio monasterio. Las "trazas universales", es decir, el diseño general del conjunto monástico, se conservan en el Archivo Histórico Nacional. Se trataba de un proyecto ambicioso que sólo pudo ser llevado a cabo parcialmente y que giraba en torno a tres claustros principales: el patio procesional (actual Patio Herreriano) que acogía las dependencias de los monjes, dormitorios, refectorio, sala capitular y biblioteca; el Patio de Novicios, que separaba la zona de clausura de la zona pública; y el Patio de la Hospedería, que albergaba los servicios públicos del monasterio. Éste era la mejor botica, el archivo y banco más seguros de la ciudad y la bodega más importante, puesto que los benedictinos eran propietarios de grandes extensiones de viñedos.

Durante mucho tiempo el Patio Herreriano fue atribuido erróneamente al arquitecto Juan de Herrera por su estilo y proporciones, inspirados en el Patio de los Evangelistas de El Escorial. Una vez acabada la fachada principal del monasterio, llamada Portería Real, el Patio se inicia en torno a 1596, prolongándose su construcción hasta 1665. Las proporciones del claustro están condicionadas por el espacio preexistente delimitado por la iglesia de San Benito, el cuarto de San Julián (actual sala Gil de Hontañón) y la Capilla de los Condes de Fuensaldaña. La construcción del Patio Herreriano contribuyó a enlazar el desmembrado conjunto de edificaciones que hasta el momento habían formado parte del monasterio.

Aunque no se observa a primera vista no es un patio totalmente regular, puesto que la longitud de sus lados y los ángulos de unión son desiguales. Estas irregularidades son apenas perceptibles, dado que la armonía de su organización espacial se ve reforzada por el propio alzado del claustro. Cada lienzo está formado por dos alturas de siete arcos cada una, separados por columnas pareadas, en el cuerpo inferior toscanas y en el superior jónicas. La monumentalidad viene resaltada igualmente por el empleo de la piedra, que aunque era un material escaso en Castilla, pudo obtenerse gracias a la concesión por parte de Felipe II del uso en exclusiva de unas canteras cercanas. El Patio Herreriano constituye por su orden y claridad uno de los mejores ejemplos de arquitectura clasicista española del s. XVI.

Las obras del monasterio se prolongaron hasta el siglo XVIII, momento en que se termina el claustro de la Hospedería. Poco después empieza el declive de su historia como centro monástico. La llegada de las tropas napoleónicas supuso el levantamiento de los suelos de piedra de los patios para pavimentar las calles de la ciudad, mientras en el interior del templo se construían hornos y almacenes de grano y paja. La breve recuperación benedictina tras la invasión francesa quedó truncada por los decretos de desamortización que supusieron su cierre definitivo en 1835.

Entre esta fecha y 1965, que pasó a ser dependencia municipal, el monasterio volvió a su origen militar, denominándose Fuerte de San Benito, lo que llevó al derribo y reforma de significativas zonas del antiguo monasterio. En la actualidad cada uno de los tres patios cumple diversas funciones. El de la Hospedería es sede de oficinas del Ayuntamiento, tras una profunda rehabilitación arquitectónica. La iglesia de San Benito y un sector del patio de novicios están regentados por los carmelitas descalzos. Finamente el Patio Herreriano alberga la sede del Museo de Arte Contemporáneo. De su extremo oeste nacen ahora las nuevas construcciones necesarias para su adaptación a museo. El complejo arquitectónico se ha formado por tanto a través de un largo e histórico ensamblaje de espacios, de los que el museo es el último avatar. La peculiaridad de San Benito trasciende así su historia para hacerse, de nuevo, un centro de referencia en Valladolid.

LA INTERVENCIÓN MODERNA

La adaptación del Patio Herreriano a museo de arte contemporáneo ha supuesto dos trabajos complementarios. Por un lado, la rehabilitación de un edificio antiguo y complejo, en cuyos espacios se han superpuesto diversos usos a lo largo de su historia. Su nueva función exigía unos requerimientos que privilegiaran su contenido, las obras de arte, tanto desde el punto de vista de su conservación, como el de su exhibición. Por otro lado, la construcción de un anexo de nueva planta debía permitir enlazar una arquitectura definida por los rasgos de lo moderno con la presencia arquitectónica del viejo monasterio. El proyecto de rehabilitación de Juan Carlos Arnuncio, Clara Aizpún y Javier Blanco y la asesoría museográfica de Juan Ariño han cumplido con creces estos objetivos.

El edificio monástico está cargado de connotaciones asociadas a la estructura preexistente que los arquitectos han querido potenciar a través de los volúmenes limpios y el uso cuidadoso de los materiales. Estas características son especialmente evidentes en los corredores del claustro, en la rehabilitación de la Capilla de Fuensaldaña y en las salas, ocho en el edificio antiguo, que mantienen la neutralidad necesaria para su función expositiva. Son ámbitos destacados la sala llamada Gil de Hontañón y la Capilla. La primera es un espacio abovedado, antigua sala capitular, donde se han recuperado restos de unas pinturas al fresco de principios del s. XVI y en la que intencionadamente se muestra la obra más contemporánea de la colección. La Capilla de los Condes de Fuensaldaña es un espacio emblemático del museo que se encontraba en ruina total. El acabado cúbico y la luminosidad que se filtra del cielo raso de su falso techo origina un espacio diáfano, amplio e inundado de luz. La exhibición en esta sala de esculturas e instalaciones obligará a establecer un diálogo entre éstas y la potente arquitectura que las alberga. Espacios singulares son también el centro de documentación, con su cubierta de madera y el vestíbulo, una galería recorrida por una arquería de ladrillo, que fue utilizada como caballerizas cuando el monasterio se convirtió en fuerte militar.

El añadido de un ala nueva viene dado por la necesidad de ganar espacio expositivo. Con la ampliación se añaden tres salas de exposiciones más a las ocho creadas en el interior del edificio antiguo. Sus cometidos se completan con una cafetería-restaurante, almacenes y muelle de carga. El nuevo edificio se ha diseñado generando un volumen vacío que actúa como caja neutra, recuperando el espíritu de sobriedad y claridad constructiva. No podría ser de otra manera teniendo que enlazarse con el edificio de San Benito de origen cisterciense. Esta vinculación se ve reforzada en los espacios de encuentro entre lo nuevo y lo viejo, que se atraviesan de forma apenas perceptible. La reforma urbanística en torno al museo genera un nuevo ámbito en la ciudad, entre el museo y el instituto de enseñanza media, obra de Fisac. La plaza resultante se ha concebido como lugar de disfrute para los ciudadanos, con una referencia lejana a la idea de ágora que da paso a una zona ajardinada. (Fuente: Museo Patio Herreriano)

Fondos:

La colección del Museo Patio Herreriano se crea a partir de los fondos de la Colección Arte Contemporáneo. Su formación está determinada por un criterio histórico que permite el seguimiento de los principales artistas y tendencias del arte español de los siglos XX y XXI. Se ha optado por un recorrido que respeta la sucesión de los principales acontecimientos del arte español de estos siglos. Con su nueva ubicación en el museo, la colección tiene la posibilidad de mostrarse de forma permanente a través de diversos ámbitos representativos de ese peculiar recorrido histórico. La variación de obras en las salas destinadas a la colección permanente permite mostrar los diversos matices con los que ha sido conformada esta narración del desarrollo del arte contemporáneo en España. El trabajo de revisión histórica realizado desde 1987, fecha de creación de la Colección Arte Contemporáneo, tiene ahora la oportunidad de contextualizarse mediante nuevas exposiciones temporales que conviven en el espacio del museo con los ámbitos destinados a la colección permanente. (Fuente: Museo Patio Herreriano)