Aleksandr Sokurov

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Filmografía

Sokurov es uno de los grandes valores del cine ruso de las últimas tres décadas. Su capacidad técnica, su creatividad y la capacidad de emocionar al público mediante sencillos gestos lo convierte en un creador de un nuevo ritmo fílmico.

Sus filmes históricos, como la tetralogía dedicada a los líderes mundiales que detentaron el poder en el siglo XX (Hitler, el emperador japonés Hirohito, Lenin y una nueva revisión del mito de Fausto) crean un nuevo espacio-tiempo poético, alegado del biopic o la adaptación literaria al uso, enmarcado en un tiempo y lugar concretos y definidos de antemano.

El documental, haciendo gala de su formación en la mejor tradición documentalista soviética, ocupa una parte muy especial de su carrera, hasta el año 2000. Abundad títulos que retratan aspectos de las grandes urbes de Rusia, como San Petesburgo (la soviética Leningrado) o Moscú.

En efecto, la historia de Rusia ocupa un lugar preeminente en su filmografía. Amante de la historia y el arte, más de una vez ha confesado su pasión por El museo Hermitage de san Petersburgo, razón de ser de una misma ciudad como la que lo alberga. El último periodo zarista y la era comunista ocupan un papel central, sobre todo lo que respecta a la llamada Gran Guerra Patria, la Segunda Guerra Mundial desde la perspectiva de la Europa Occidental, y el efecto devastador que tienen en sus gentes y en el legado cultural y artístico como Rusia.

Un ejemplo de esto último es el documental Blockade Book (2011), sobre el sitio que sufrió San Petesburgo por parte del ejército alemán y sus aliados durante la invasión de Rusia por Hitler. Cada persona, frente a la cámara, relatan pasajes de la historia o hechos de la ciudad, basándose en los escritos autobiográficos de dos grandes escritores que sufrieron en sitio de la ciudad durante su adolescencia, Ales Adamovich and Daniil Granin.

Otros ejemplos de su interés por el arte y la cultura en general lo encontramos en Elegía de un viaje, donde los cuadros de un museo holandés son los protagonistas. La música está presente en Elegía de una vida: Rostropóvich, Vishnévskaya (2006), una más de su serie de elegías iniciada allá por 1979.

La idea que el mismo autor tiene de lo que hace se resume en sus siguientes palabras: “Mi trabajo viene de la emoción, no veo ninguna tendencia nueva en mi filmografía”. A continuación comenta: “Solo el artista puede ser novedoso por sí mismo. El arte es eterno, nunca es nuevo o viejo. Es como la historia, no hay ni pasado ni futuro, solo el presente. El propósito del arte es repetir las ideas fundamentales [ ] porque la gente olvida”.

Otros temas como el ejército y los conflictos bélicos, están presentes en Voces Espirituales y Confesión, así como en Aleksandra. No es cine bélico al uso, como es de esperar tratándose de Sokurov, sino una profunda reflexión sobre las heridas, sentimientos y anhelos que se desarrollan en tales circunstancias.

Así mismo, la inspiración en grandes clásicos de la literatura antigua y actual está plenamente presente. Ha dirigido muchos documentales y películas que tratan personajes célebres de la literatura y la cultura rusa y europea (Platonov, Flaubert, Bernard Shaw,…). Además, este bagaje literario se observa en multitud de detalles, incluso en el título de algunas de sus películas, como en  El segundo círculo, tomado de las distintas categorías de infierno que nos muestra Dante en su Divina Comedia.

Finalmente, despedidas, desapariciones, muertes, son el núcleo temático de su serie de elegías. Así, la muerte, con los valores morales que entraña, se convierte en una obsesión para el director, como observamos en Madre e Hijo (1996).

Sin embargo, no apabulla sólo por el bagaje cultural que demuestra, común a otros directores eslavos, sino también por ser un gran cineasta de oficio, curtido en los aspectos técnicos, tanto en cine como en televisión, creando un sello propio de autor, mérito que no abunda en el cine actual.

Entre estos rasgos que le individualizan, destacar los largos planos secuencia, que muestran el desarrollo emotivo de cada personaje mediante su gestualidad y el uso de un sfumatto que, a modo de paisaje leonardesco, difumina no ya tanto el fondo, sino también las figuras, incluso algunos primeros planos, que transmiten la idea de paso del tiempo, personajes cotidianos y concretos, pero también universales y heroicos, de los que aún pudiera dudarse de su existencia.