Chema Madoz

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Obra

A lo largo de los años, Chema Madoz ha desarrollado un estilo muy personal. Se mantiene fiel al uso del blanco y negro porque aporta a la obra un pequeño distanciamiento de la realidad y nos introduce en un universo lírico más propicio para el concepto que pretende transmitirnos.

El método de trabajo de Chema Madoz consiste en elaborar objetos semiescultóricos que después fotografía en el estudio. Se puede apreciar una cierta herencia de los objetos surrealistas o de las pinturas de René Magritte debido a la descontextualización a la que son sometidos y al juego con el concepto, por lo que también se puede analizar su obra en el ámbito del arte conceptual. No le interesa el objeto en sí, sino la idea que de él se desprende.

Sus fotografías tienen un tratamiento muy limpio, al estilo de los pioneros como Man Ray, con el que también comparte ciertos paralelismos. Esta claridad facilita la comprensión de la metáfora construida. De la misma manera que un poeta manipula las palabras a su antojo, Chema Madoz hace lo mismo con las imágenes. No obstante, se le ha comparado continuamente con el poeta catalán Joan Brossa [+], lo que les llevó a elaborar un fotopoemario juntos en el año 1998.

Es indudable la influencia que Brossa [+] y su poesía visual han tenido en la fotografía de Chema Madoz, hecho que ha conducido a llamarle el poeta de la fotografía, puesto que utiliza recursos idénticos a la composición poética como la metáfora, la comparación, la analogía o la paradoja. Por esta razón se exige la implicación activa del espectador, que ha de reelaborar los nuevos significados.

Manipula la realidad, o más bien la desordena en contra de las leyes de la lógica descubriendo una nueva verdad simbólica. Explota al máximo las capacidades simbólicas de los objetos y nos ayuda a descubrir una nueva realidad oculta tras la aparente cotidianeidad de los objetos.

Aunque se ha mantenido relativamente fiel a una estética propia, sí que se pueden observar pequeños cambios a lo largo de su trayectoria artística. Por ejemplo en sus primeras fotografías aparecían con frecuencia seres humanos o paisajes, pero desde la década de los 90 se ha centrado únicamente en la fotografía de objetos. En ocasiones sí que aparecen partes del cuerpo humano como un brazo o una pierna, pero alejados de cualquier emoción humana, transformándolos del mismo modo en un simple objeto.

También se produjo un salto significativo en la propia concepción del objeto a fotografiar. En un primer momento se limitaba a retratar cosas que ya existían, en un trabajo puramente fotográfico. Sin embargo, con el paso del tiempo, empezó a fabricar personalmente los objetos, introduciendo ciertos aspectos de trabajo escultórico o de instalación. Aunque el registro sigue siendo siempre fotográfico, el trabajo previo se complica en mayor medida.

Otra notable evolución es el desarrollo de fondos neutros que permiten una mayor concentración en el objeto y rotundidad física. En las primeras fotografías, aparecían en los lugares donde era habitual encontrarlos, como por ejemplo un libro en una estantería. El fondo neutro permite eliminar cualquier referencia exterior como por ejemplo el tiempo o las emociones, intentando conseguir que parezcan flotar en un vacío intemporal y aséptico.

El espectador contempla extrañado las fotografías de Chema Madoz, ya que el hecho de enfrentarse a objetos plenamente cotidianos pero descontextualizados sorprende gratamente, puesto que tienen la capacidad de transportar al espectador a universos que creía imposibles. La fotografía nació para captar el instante, por lo que los objetos desaparecen como obra de arte una vez que han sido registrados y se guardan en un almacen en el estudio del artista. Lo importante en Chema Madoz es la fotografía, las esculturas, instalaciones o escenografías construidas son siempre accesorias del hecho fotográfico.

Nunca ha sentido la necesidad de exponer los objetos fabricados. A pesar del gran trabajo que conlleva su realización siempre prefiere fotografiarlos. Este tipo de presentación de cara al público aporta una distanciación, los devuelve a un territorio tan intangible como el lugar de donde procede, la imaginación.

Algunos objetos se han convertido en auténticas fuentes de inspiración para Chema Madoz, estando presentes en varias de sus obras. Puede comprobarse perfectamente con los libros, los relojes, las cucharas, las cerillas, las partituras musicales o el agua en sus diferentes estados. La precisión y pureza de las fotografías de Chema Madoz hace que en ocasiones hayan sido calificadas de frías. Ciertamente, elimina toda posible expresión de sentimiento o emoción y únicamente la melancolía poética de sus fotografías sin color parece asomar en alguna ocasión.

A la hora de elegir los encuadres, la luz o los objetos, muestra una rigurosidad clínica y milimétrica que nos aleja una vez más del mundo real, nos ubica en un mundo ideal. El objetivo de Chema Madoz no es halagar a nuestros sentidos, sino a nuestra inteligencia. En los últimos años ha desarrollado una temática en relación con la música, donde las notas musicales, las partituras o el teclado del piano se han convertido en nuevas fuentes de inspiración. Este hecho ha provocado que preste una menor atención a la creación de paradojas y se centre en las posibilidades gráficas que le aportan, acercando su fotografía al dibujo.

De la misma manera ha retomado un interés por el paisaje aunque con un menor desarrollo temático. No fotografía grandes paisajes, sino que se limita a reducirlo a su mínima expresión, como por ejemplo en la fotografía de un camino ondulante en el que los charcos reflejan las copas de los árboles circundantes.