Fernando Sinaga

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Obra

Fernando Sinaga está considerado como uno de los grandes artistas españoles cuya obra escultórica está presente en diversos centros de arte especializados, entre otros, el Centro de Arte Reina Sofía, Museo Patio Herreriano, la Fundación Pilar y Joan Miró, el Kunsttsammlun de Rhur-Universitat Bochum en Alemania o Artium, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo.




La experimentación es un pilar básico en su trabajo. Su obra no ha sido lineal, ha apostado por la diversidad, ha tratado de extenderse. Sus obras son una amalgama de preocupaciones, su interés por la luz, los colores puros, el volumen o las calidades, son muestra de su inicial formación. A lo largo de su carrera ha existido una temática en la que ha desarrollado ideas como la metáfora de la sombra y el espejo, la esencia del límite lo duro y lo blando, la vida y la muerte o la memoria y el olvido entre otras.


Por esto, sus obras no sólo deben ser analizadas sino que deben ser también meditadas. Lo profundo de sus trabajos se conoce cuando se reflexiona sobre las mismas. Su trayectoria académica marcó su carrera profesional ya que pudo estudiar, gracias a una beca concedida por la Diputación de Zaragoza en 1984, en Estados Unidos, mostrando gran interés por el posminimalismo. Fruto de esta investigación y preparación es la obra El desayuno alemán de 1986, con la que se daría a conocer en el panorama artístico español. Con ella mostró un interés por la escultura como objeto y dota de mayor énfasis al concepto de espacio.



Propias de esta época serán el plomo, el hierro o el acero inoxidable consiguiendo mediante líneas rectas y curvas enfatizar la geometrización. Con este trabajo generó un punto de reflexión conceptual como apunta Javier Fuentes Feo en La crítica artística ante la obra de Fernando Sinaga. Y será a partir de esta obra cuando se perciba la meditación entorno a la relación de la obra con el lugar expositivo, que como reseña nuevamente Javier Fuentes Feo, lo que sería una aproximación al site specific.


Durante estos años la obra de Sinaga se caracterizará por un arte mínimo, de texturas de calidad y de planchas rectangulares. En 1988 impera la absoluta “pureza formal” los colores quedarán relegados a la misma. Los materiales con los que trabajará serán el cristal, el hierro, el plomo o el estaño, entre otros. Obras sencillas, marcadas por los propios tonos del material escogido que conceden prioridad a la invasión geométrica.



 


Hasta finales de los años ochenta Sinaga buscó la meditación sobre el arte, la reflexión en las obras de arte y en la relación existente entre obra y espacio. Con su obra El desayuno alemán procuró un punto de inflexión en su trayectoria, dado que se inclinó más por un interés conceptual.
A esta etapa de planos de diferentes texturas se sucederá una fase de soportes planos, a modo de lienzo, aunque en realidad se trata de metal pintado.
A  partir de este momento, su obra se caracterizará por ser “densa e inquietante”. El uso frecuente del plano vertical para el desarrollo de sus obras se convertirá en un rasgo constante, como afirma Fernando Huici, una de las líneas de fuerza de fértil ambigüedad viene dada por la presencia mayoritaria de piezas concebidas para la pared y que en su frontalidad y referencia al cuadro-objeto, se introducen en un terreno fronterizo entre lo escultórico y lo pictórico.



 


Parece que Sinaga inicia un periodo en el que sus obras se adaptan a las paredes en las que serán exhibidas, en su mayoría planas, procurando al espectador un punto de vista diferente al que está acostumbrado.



En palabras del propio artista: “Mis últimos trabajo son un intento de establecer una dialéctica entre la percepción total de la forma y su propia división interna. El plomo como materia neutra básica me facilita una mayor y más contundente presencia física de la materia. Y en contraposición, la estearina diluida por medio del fuego se funde con el metal, desviando la visión a valores más ópticos. Esta ambivalencia de cualidades, las escultóricas y las aparentemente pictóricas configuran una parte de la estructura fundamental de mi trabajo […]”. A partir de estos trabajos Sinaga mostrará especial interés por la relación de su obra escultórica con los problemas de la pintura. Pero siempre manteniendose en un punto intermedio, no decantándose por la pureza de ninguna de las dos técnicas.
Durante la década de los noventa, en el perido que comprende desde 1990 a 1995, sus obras se sitúan en lo que se ha denominado “serenidad de la meditatio”. Son trabajos que muestran austeridad y serenidad. Esta idea se conjuga con el uso del plano diagonal, ubica las obras entre el plano horizontal y el vertical.


Existen dos características fundamentales que marcarán su obra a partir de ahora, por un lado, un nuevo recurso, la introducción de la fotografía como creación escultórica - como queda reflejada en la exposición celebrada Oliva Arauna en 1991-, y por otro, la importancia del fuego y el calor en su proceso de trabajo. La fotografía mostrará lo efímero, el momento congelado pero ya pasado, es tratada como un reflejo, como la imagen que se proyecta en un espejo. En cuanto al calor, es cada vez más habitual su uso hasta convertirse en uno de los elementos clave de su obra.




Una plancha de metal acoge la huella calcinada de un líquido abrasivo derramado sobre ella en caliente hasta que cristaliza: "una reflexión sobre lo informal, la intervención del azar". Procesos que niegan la tradición de la mano y buscan el límite de resistencia del material.


 


 



 



En la serie Polaroids, Sinaga utiliza las polaroids como el que enciende una linterna en el sótano de  su casa buscando un objeto perdido. Un gesto sin retina. El escultor trabajó con las polaroids en un proceso experimental, realizando distintas operaciones que permiten, por ejemplo, que al desprender la vitrina la luz actúe sobre el fondo químico. Sinaga hace un uso espacial, constructivo, objetual y poético del soporte fotográfico como método de ampliación de la escultura.


 


 


Ya en el siglo XXI en obras como Eternamente hiere, corre veloz y mata (2001) o El Pozo de los Humos (la otra satisfacción) (2003), parece interesarse por la fotografía misma y parece recurrir a ella no tanto con aquella pulsión escultórica sino más bien con un cierto carácter representativo.



 


Según palabras del propio artista: "La fotografía como documento aparece en mi trabajo de 1984 El Desayuno alemán y tambien en las fotografías realizadas para Agua Amarga y yo diría que en ambos casos la tendencia es emblemática y simbólica. Las fotografías últimas se suman al mismo modelo de indagación narcisista que interroga al sujeto artístico y se adentra en la deriva creativa. Pero he utilizado la fotografía también como modelo perceptivo que se ausenta del mundo progresivamente has alejarse de él en Alma del mundo".



Arte público
Ha mostrado en multitud de ocasiones su interés por el arte público. Se trata del arte que está en la calle y en el paisaje, y que quiere modificar, de alguna manera, el territorio. Es decir, intervenirlo y formar parte de él. Ha colaborado con varios proyectos públicos y con varios arquitectos, con algunos de forma más afortunada y con otros de forma más despegada, o menos cercana.



El proyecto Pantallas espectrales sobre el Ebro (2008) hace alusión de alguna manera al paisaje del futuro que tenemos como presente. Para nosotros todo lo nuevo es espectral y de ficción hasta que pasa a ser aceptado e integrado. En este sentido ha creado un sistema óptico de pantallas que transforman el paisaje y que a la vez se convierten en puertas y espacios del territorio de la Ribera del Ebro.


 


 



La pieza Viomvo (2002) fue concebida para el parque de Los Pericones de Gijón, en el que el artista buscaba la multiplicación y la fragmentación visual del entorno a través de un biombo de espejos. Tuvo que ser trasladada finalmente al Jardín Botánico Atlántico de la ciudad por el peligro que suponía ese soporte matérico en una zona de pública y de juegos.


 


 



 


De los sentimientos (1995), Proyecto Facultad de Económicas (UNED), Madrid. Intervenciones en la arquitectura de Simón Marchán Fiz, Catedrático de Estética y Teoría de las Artes de la UNED.