Ismael González de la Serna

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Biografía

El 6 de junio de 1898 nace en Guadix, Granada, el pintor Ismael González de la Serna, primo del escritor Ramón Gómez de la Serna. Un año después la familia se traslada a Granada, ciudad en la que el artista pasará su infancia y adolescencia.

En la escuela primaria a la que acude coincide con Federico García Lorca, su amigo de la infancia (una amistad que continuará hasta la muerte del poeta) junto a Manuel Ángeles Ortiz. Nacido en el mismo año que el poeta García Lorca y los pintores Alfonso de Olivares, Francisco Bores, Joaquín Peinado y Pancho Cossío, Ismael González de la Serna formó parte como ellos, del grupo de pintores españoles que se instalaron en París. Más adelante entablará amistad también con Juan Cristóbal, Manuel de Falla y Andrés Segovia.

Su formación continúa en la Escuela de Artes y Oficios de Granada, donde compartirá horas de estudio con sus compañeros Marino Antequera, Eugenio Gómez Mir o Joaquín Capulino. Junto a ellos visita el Generalife en numerosas ocasiones, realizando cuadros y apuntes de sus jardines, así como de La Alhambra. Completa su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Aquí serán fundamentales para su formación plástica, sobre todo, sus visitas al Museo de Prado donde trabaja como copista de artistas como El Greco, Tiziano y los primitivos flamencos: El Bosco y Brueghel, así como el español Francisco de Zurbarán, cuyos bodegones ejercen una influencia decisiva en la elección de esta temática a lo largo de toda su obra.

Sin embargo, lo que realmente impactó al joven de 16 años en 1917 fue la visita a la exposición “Grandes pintores impresionistas franceses” en el Museo de Arte Moderno de la ciudad.

 

Entre 1917 y 1921 reside en Granada donde frecuenta la Academia de Bellas Artes. Este año, en 1921, llega a París, regresando a España en contadas ocasiones antes de la guerra civil. Poco a poco entra en contacto con la vanguardia y se integra en la que más tarde se llamaría Escuela de París, pero la situación no es fácil y hasta 1927 atraviesa un período de grandes dificultades económicas. Vive en un hotel de la calle Vavin, en el centro de Montparnasse donde frecuenta los cafés de la Rotonde y el Dôme.

En la capital francesa conocerá a Juan Gris, Gargallo, Julio González, Soutine, Kisling y Picasso, que fue su gran amigo y protector. De hecho, estas son las palabras que dirige Picasso a de la Serna al ver unos lienzos del artista granadino: “… he aquí por fin un pintor, uno verdadero. Es tan grande como Juan Gris…”. Picasso, el editor Tériade, y el poeta, marchante y animador de la revista Cahiers d’Art, Christian Zervos, elogian sus obras en la primera muestra presentada en París. El propio Tériade le dedica un estudio dentro de la serie “Nuevos pintores” que había empezado a escribir en la revista Cahiers d’Art.

 

 

De la Serna continúa su actividad y esos años de finales de los 20 y principios de los 30 forman una etapa de gran esplendor: críticas, ventas, la protección de marchantes y coleccionistas, las cotizaciones altísimas de sus lienzos… Sin embargo, este período no dura mucho. En el siguiente cuadro recogemos algunos de los eventos y hechos más destacables de estos años.

Aunque tendría que esperar unos años para que su arte fuera reconocido públicamente en España, finalmente en 1932 expone en Madrid, invitado por la Sociedad Ibérica de Amigos del Arte. Su éxito es imparable y su obra participa en los más importantes eventos artísticos. Este prolífico y positivo período se verá marcado también por cambios en el ámbito personal. En 1929 cambia de residencia y pasa de un gran estudio en el centro de Monstparnasse a uno más sencillo en la rue Vercingetorix.

Además, el 28 de septiembre contrae matrimonio en Cannes, en la Costa Azul, con una joven francesa que será su compañera durante toda su vida. Ella es Susana, la que fuera primera esposa de Zervos, con la que viaja a España desde Bilbao a Madrid y de aquí a Granada en 1933.

A partir de este año, se retira voluntariamente, renunciando a una situación económica pujante, alejándose de toda manifestación artística o expositiva para dedicarse a la búsqueda de la verdad en la pintura, a nuevas experiencias plásticas en una continua lucha por encontrar la esencia del arte.

El período de posguerra (años 1946-47) no es fácil y de la Serna continúa su “retiro” apareciendo en muy escasas ocasiones en los escenarios artísticos, aunque hay excepciones. Será en 1952 cuando resurja, aunque por expreso deseo del artista no aparecerá en muchas exposiciones, continuando encerrado trabajando e investigando en su pequeño estudio.

Muere en París, el 30 de noviembre de 1968.