Jean-Michel Basquiat

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Colaboraciones con Warhol y Clemente

 

 Bruno Bischofberger, galerista y agente de Jean-Michel Basquiat, Andy Warhol y Francesco Clemente, fue el estímulo de estas colaboraciones. Bischofberger se sentía atraído por las colaboraciones entre artistas y le interesaba el fruto que podía surgir de este tipo de trabajos. Por ello ideó un proyecto de colaboración entre tres artistas. En primer lugar propuso su idea a Basquiat y Warhol, que aceptaron a pesar de las iniciales reticencias de Warhol, que en un principio no consideraba la obra de Basquiat de suficiente calidad. Aunque inicialmente se barajó la idea de que el tercer artista fuera Julian Schnabel, al final consideraron más apropiado para el proyecto la participación de Francesco Clemente.

 

 Cada artista trabajaba por separado y posteriormente pasaba su trabajo al siguiente hasta que los tres habían trabajado en la obra. En estos trabajos Warhol empleaba la técnica de la serigrafía que había estado empleando durante años. En tres de las obras, Basquiat también utilizó la serigrafía. Basquiat y Clemente se encargaron de poner títulos a estas obras.

 

 El fruto de estas colaboraciones se presentó en la galería de Bruno Bischofberger en Zúrich en septiembre de 1984.

 

 

 

 En 1985 de nuevo se produjeron colaboraciones, esta vez únicamente entre Warhol y Basquiat, y sin el encargo de Bruno Bischofberger. En este caso toda la colaboración de Warhol fue pintada a mano, por sugerencia de Basquiat. Éste por su parte utilizó muchas serigrafías para las obras.

 

 

 

 

 A finales de septiembre de 1985 las obras se expusieron en la galería de Tony Shafrazi en Nueva York. Las críticas fueron nefastas, y en ellas se opinaba que Warhol había utilizado a Basquiat como su mascota. Basquiat se disgustó con estas malas críticas y poco a poco ambos artistas se fueron distanciando. A pesar de este alejamiento Basquiat sintió profundamente la muerte de Warhol, en cuya memoria realizó la obra Gravestone en 1987.

 

 

 Una de las consecuencias más destacables de estas colaboraciones fue el intercambio de estilos entre los artistas. Como ya hemos comentado, Basquiat comenzó a utilizar la serigrafía y Warhol volvió al trabajo de sus etapas iniciales al pintar a mano, estimulado por Basquiat. Ambos lograron una gran compenetración tanto estética como personal. Los textos, imágenes y marcas de estas obras, a menudo misteriosas, se unen en piezas inteligentes y estimulantes, abundando las imágenes publicitarias y logos, las superposiciones pictóricas y las palabras tachadas.

 

 La colaboración entre ambos artistas resultó muy fecunda. Carlos Jiménez concluye que “el resultado final [de estas colaboraciones] tiene mucho más que ver con el ímpetu basquiano que con la irónica frialdad warholiana. Todo un logro para un joven que en un principio sólo pretendía hacer crecer su fama a la sombra de un maestro”.