El libro, testimonio cultural

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Códice

 

De la unión del rollo y de las tablillas, que habían sobrevivido al ser destinadas a una escritura efímera, nació el códice. Nos encontramos con un libro cuyas hojas de papiro o pergamino estaban comprimidas entre dos tapas de madera. 

Tras la caída del Imperio romano, Occidente se vio sacudido por las sucesivas invasiones bárbaras de pueblos con una cultura inferior a la romana. Europa Occidental sufrió una época de recesión económica y cultural. En este periodo histórico la Iglesia desempeñó un papel predominante y realizó una misión esencial como conservador de la cultura. El libro dejó de ser un fenómeno civil. Los monasterios fueron los auténticos centros culturales donde se promovía la lectura, la copia y conservación de manuscritos. Los talleres donde se hacía la copia e iluminación de los manuscritos se llamaban scriptorium.

Hacia los siglos XI y XII la economía empezó a recuperarse, se restableció el comercio y la agricultura se volvió más próspera. Apareció una nueva clase social más rica, culta e independiente, la burguesía. Las nuevas profesiones necesitaban libros para ejercer sus trabajos. Surgieron nuevas estructuras y nuevas instituciones culturales, como las escuelas catedralicias, primer paso para acabar con la exclusividad de la cultura por parte de la Iglesia, que pronto se transformaron en las primeras universidades. Y además apareció el papel en Europa.
Entre los siglos XII y XIII el monopolio monástico en la producción de libros llegó a su fin. Van a ser las profesiones laicas quienes se ocuparon de la producción de códices. La demanda universitaria dio lugar a un comercio de libros.

Del siglo V al XV, el libro evolucionó lentamente de modo parejo a la mentalidad de las personas. Pasó de estar mediatizado por la religión a convertirse en una herramienta para el trabajo y el estudio. Este formato de libro muere con la invención de la imprenta en el siglo XV, cuando los libros dejan de copiarse a mano.

EL CÓDICE

Los rollos de papiro se utilizaron de manera habitual hasta comienzos del siglo II cuando el códice de papiro empezó a reemplazarlos. Hubo una serie de características del material que propició el paso del rollo al códice: poca flexibilidad, difícil manejo, complicado desplazamiento,… Es decir, sus defectos motivaron su fin. Tal y como analiza José Luis Gonzalo Sánchez-Molero, de la Universidad Complutense de Madrid, en "El tránsito del rollo al códice: un viaje a los orígenes del codex", el códice constituyó una ingeniosa y útil adaptación romana de las tablillas enceradas para servir como libros de viaje. De la unión del rollo y de las tablillas, que habían sobrevivido al ser destinadas a una escritura efímera, nace el códice. Nos encontramos con un libro cuyas hojas de papiro o pergamino estaban comprimidas entre dos tapas de madera. 

Al principio se realizaron indistintamente en papiro o pergamino. El códice de pergamino se impuso por una serie de ventajas: se podía consultar más fácilmente, podía contener más texto porque se podía escribir en ambas caras, era más fácil de transportar y almacenar, y se conservaba mejor por su encuadernación. Se convirtió en el formato preferido.
El rollo de papiro fue cayendo en desuso hasta que desaparece a comienzos del siglo V d. C.

  • Portabilidad. Durante los siglos I a. C. y III d. C., la principal preocupación era solucionar los problemas de portabilidad que representaban los rollos.  En Roma había altas tasas de alfabetización. Las tablillas de pequeño formato, que se habían usado para la escritura provisional, se fueron transformando en soportes para oraciones, conjuros mágicos o poemas. Por otro lado, los cónsules estaban obligados a remitir informes de sus campañas militares. Julio César modificó la forma de sus informes para convertirlos en propaganda política. Pretendía que sus informes fueran leídos en sitios públicos y para facilitar esta lectura los enviaba divididos en hojas cosidas entre sí. Para protegerlos se les añadía tapas de madera que se ataban con correas.
  • Extensión. A partir del siglo IV se buscó que estos libros aumentaran de tamaño para que pudieran albergar obras de mayor extensión. Para ello se empezaron a emplear tablas de mayor tamaño. El cristianismo adoptó el códice de pergamino para transmitir su nueva literatura religiosa, siendo ésta otra de las causas, según algunas investigaciones, que explican el éxito del códice de pergamino frente al tradicional rollo de papiro.
  • Consolidación. Ya entre los siglos VI y VIII se buscó mejorar el nuevo formato para la lectura. Fue entonces cuando se estableció sistemas de copia y de encuadernación. Dentro de las nuevas bibliotecas monacales, se produjo la copia de las viejas obras, conservadas en rollos hasta entonces, al nuevo formato del códice.

 

La población romana participaba de una variedad de cultos y creencias. A partir de la época imperial, los emperadores eran considerados dioses. Surge el cristianismo que declara el amor a un solo Dios. Las y los cristianos se vieron pronto enfrentados al recelo de las autoridades romanas por su negativa a rendir culto al emperador. Pero a pesar de las represiones hacia el siglo III gran parte del Imperio romano era cristiano.
El emperador Teodosio declaró el cristianismo religión oficial del Imperio romano en el año 380.  A la muerte de Teodosio, 395 d. C., el Imperio se dividió entre Honorio y Arcadio, que establecieron sus capitales en Roma y Constantinopla. El Imperio romano de Oriente, en posesión del legado cultural griego y menos afectado por las invasiones bárbaras, pudo conservar mejor sus características sociales y culturales e incluso mantener un aceptable grado de prosperidad. Pero el Occidente, se vio sacudido por sucesivas invasiones bárbaras de pueblos con una cultura inferior a la romana. Europa Occidental sufrió una época de recesión económica y cultural.

La Iglesia

En este periodo histórico la Iglesia desempeñó un papel predominante y realizó una misión esencial como conservador de la cultura. Casi nadie sabía leer, la cultura del pueblo era oral. La práctica desaparición del comercio y la decadencia económica tuvo consecuencias para el libro ya que los pergaminos escaseaban. La incomunicación entre los diferentes centros culturales y la desaparición de la unidad romana dio como resultado la desaparición de la unidad lingüística y las lenguas del germano empezaron a remplazar al latín.

El libro dejó de ser un fenómeno civil. Adquirió una gran importancia como garante de la cultura, que quedó en manos de la Iglesia, y con ello también la lectura, copia y conservación de los manuscritos en los monasterios, que ya habían surgido para dar respuesta a aquellas personas que deseaban dedicarse enteramente a Cristo. Los monasterios eran autosuficientes. Criaban su propio ganado, del cual obtenían los pergaminos para los libros. Los monjes se encargaban de la copia, encuadernación y decoración de los libros. Los talleres donde se hacía la copia e iluminación de los manuscritos se llamaban scriptorium. Un monje experto dirigía el trabajo y además solía encargarse de la biblioteca. Otras veces existía una persona encargada exclusivamente de la biblioteca, el librarium.

El libro en sí era un objeto artesanal que requería una alta cualificación y el concurso de especialistas por la utilización de distintos materiales: pergamino para el soporte; tinta para escribir; pigmentos de distintos colores y pan de oro para decorarlo; y cuerda, madera, hilo, cuero y broches metálicos para encuadernarlo. Cada manuscrito se escribía en hojas sueltas que se ensamblan luego para encuadernarlas. 

La mayoría de los textos eran de temática religiosa, aunque dentro de estos existían una gran variedad de manuscritos. Algunos de ellos se consideran vestigios del arte religioso medieval, especialmente los Libros de Horas, hechos para los reyes y la alta nobleza. Contenían oraciones distribuidas por las horas en que debían ser leídas y también servían como muestra de la religiosidad, riqueza y buen gusto de quienes los tenían. 

 

Comentarios al Apocalipsis de San Juan (776), también denominados Beatos por ser obra del monje Beatus del monasterio de Liébana. Más información: 

 

 

 

 

 

The Book of Kells, una copia de los evangelios hecha en Irlanda o Escocia entre los siglos VII y IX. 

 

 

 

 

 

La letra

A finales del siglo VIII destaca la figura de Carlomagno, que se propuso, entre otras cosas, la unificación cultural de Europa. Fue el impulsor del resurgimiento de la civilización antigua, dentro de un espíritu cristiano. Fundó varias escuelas para la formación de la prole de los nobles, se rodeó de personas sabias que le asesoraban e intentó la recuperación de obras de autores clásicos. Creó una letra, la carolina, que se hizo obligatoria en todos los documentos oficiales. Tenía formas redondas, pausadas y elegantes y fue la letra más usada entre los siglos IX y XII.

Después se introdujo la escritura gótica, que sustituirá a la letra carolina. Con la gótica se difundió también una presentación del texto más clara y legible: mejor separación de las palabras, signos de puntuación, muchas abreviaturas que agilizaban la lectura, división del texto en dos columnas en cada página...

 

El papel

Llegó el papel a Europa entre los siglos XII y XIV traído por el mundo árabe. Aunque el papel se había inventado en China hacia el año 105 d. C. 
Era un material bastante resistente y económico. Al principio, el nuevo soporte fue acogido con recelo, pero al perfeccionar su fabricación y obtener mejores acabados, se hicieron  cada vez más evidentes sus ventajas sobre los otros materiales: era más resistente que el papiro y mucho más barato y rápido de fabricar que el pergamino. De modo que su uso se generalizó a partir del siglo XV, sustituyendo definitivamente los otros dos soportes.

Contenido de los libros 

Entre los siglos XII y XIII el monopolio monástico en la producción de libros llegó a su fin. Van a ser las profesiones laicas los que se ocuparon de la producción de códices. La demanda universitaria dará lugar a un comercio de libros en el XIII que pasará a manos de talleres urbanos profesionales, que alimentarán las necesidades de quienes estudiaban y de un estamento laico acomodado y cada vez más culto.
El contenido del libro se aleja de la religión para empezar a preocuparse por otras materias: las ciencias, el derecho, la literatura... Comienzan a escribirse textos literarios en las distintas lenguas vernáculas, con nuevos géneros y temas: libros de caballería, de poesía, de viajes, de contenido satírico e incluso blasfemo, etc.

Tal y como recoge Beatriz Porres en “Libros y lectores en la Europa medieval”, “Si los más cultos leen a San Agustín y a Plotino y se interesan por las matemáticas, no faltarán a partir de ahora lectores de libros de caballerías como el Roman de toute Chevalerie de Thomas of Kent o los relatos artúricos de Chrétien de Troyes o Geoffrey de Monmouth; de lírica religiosa, como las Cantigas de Alfonso X; de poesía amorosa como el Roman de la Rose; de fábulas indias, como el Calila e Dimna, difundidas gracias a los árabes; de cuentos como los Canterbury Tales de Chaucer; de relatos supuestamente históricos sobre míticos héroes y batallas, como la Historia Destructionis Troiae de Guido delle Colonne, la Eneide de Heinrich von Veldeke (una adaptación de la Eneida de Virgilio) o el Speculum historiale de Vincent de Beauvais, una historia del mundo desde la Creación hasta el 1250; de textos concebidos para la devoción privada, como vidas de santos o libros de horas; de poesía moralizante como la de Berceo; de poemas épicos como el Nibelungenlied, el Poema de mío Cid o la siciliana Chanson d'Aspremont, rápidamente puestos por escrito y traducidos (existe un Rolandslied del 1170); de libros de viajes como Li Livres du Graunt Caam de Marco Polo, por no hablar de obras maestras como la Divina Comedia. No carecían de público las obras inmorales, las de contenido satírico, blasfemo u obsceno (se dice que uno de los motivos por los que el Roman de la Rose fue tan tremendamente popular en la Edad Media estriba en lo subido de tono de algunos pasajes) y las opuestas a la doctrina cristiana (obras de brujería o magia, textos paganos), generalmente prohibidos.”

 

     Roman de toute Chevalerieen la en la biblioteca digital Gallica de la Biblioteca Nacional de Francia.

 

 

 

 

 

 

Roman de la Rose, en la en la biblioteca digital Gallica de la Biblioteca Nacional de Francia.

 

 

 

 

 

 

 

 

Calila e Dimna, en la Biblioteca Digital Mundial.

 

 

 

 

 

 

 

 

Canterbury Tales, en el Catálogo de Manuscritos Iluminados en The British Library.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La divina comediaen la Biblioteca Digital Mundial.