El libro, testimonio cultural

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Siglo XVI

Siglo XVI

En el siglo XVI se produjo una gran crisis en la Iglesia católica, quedando dividida en dos: la Iglesia católica y la protestante.  El máximo exponente de la Reforma protestante fue Lutero que en 1517 proclamó sus tesis con una copia impresa en alemán en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Se afirma que la Reforma protestante triunfó gracias a la existencia de la imprenta por proporcionar un instrumento de divulgación. Hasta ahora, la fe católica controlaba todos los canales tanto de producción como de distribución de libros. Con la imprenta y la Reforma todo esto cambió. El catolicismo intentó defenderse de la Reforma con la Contrarreforma y la publicación en latín.

Hasta mediados del siglo XVI, el libro impreso convivió con el manuscrito. Pero poco a poco las obras fueron adquiriendo características que las iban diferenciando de los incunables:

  • Formatos más pequeños.
  • Encuadernación y decoración renacentistas (motivos heráldicos, medallones, candelabros, etc.). La encuadernación hecha con piel y cartón.
  • Mayor uso de la portada.
  • Preferencia por la letra romana en vez de la gótica.
  • Empleo de la calcografía en lugar de la xilografía en las ilustraciones. Se trata de una nueva técnica de grabado que consiste en hacer surcos -que forman el dibujo a imprimir- en una plancha de metal, que luego se rellenan de tinta y se imprimen sobre el papel.

 

Los talleres dejan de ser itinerantes y se establecen en ciudades. La producción de libros pasa a ser masiva. Al frente de ellos se encuentra personas influenciadas por el espíritu humanístico y renacentista de la época. El centro de atención pasa a ser el humano y su vida dejando de lado a la Iglesia. El aumento de la producción de libros, el dominio de las lenguas vernáculas frente al latín y que los libros ya no se destinen únicamente al clero y la nobleza produce un aumento de la lectura.

 

 

Sin embargo, los temas siguen siendo predominantemente religiosos. Se realizaron importantes ediciones de las llamadas biblias políglotas, donde se reunían textos en varias lenguas (latín, griego, hebreo, árabe, etc.). Junto al libro religioso, destacó el judicial.

Biblia Políglota Complutense, 1514-1517.

 

 

 

 

(Fuente: http://www3.uah.es/imagines_cilii/Anticuarios/Textos/Manuzio.htm)

 

 

Entre los libros laicos destacan los dedicados a la enseñanza: diccionarios, manuales, gramática, etc.

Aldo Manutio publicó en Venecia una Ortographiae ratio, un tratado que pretendía la normalización de la lengua latina, para el que manejó diversos manuscritos y ediciones anteriores sobre dicha materia.

 

 

 

 

 

 

 

Juan Martín Cordero, clérigo valenciano, cura de Santa Catalina de Valencia, escribió la obra gramatica La manera de escrevir en Castellano (1556), que el autor justifica por ser esta la lengua más divulgada en el mundo y en la que peor se escribe. 

 

 

 

 

 

 

 

Entre los libros no religiosos, algunas fuentes afirman que Orlando Furioso de Ariosto de 1532 puede ser considerado un best seller.  Fue el libro más vendido de la época junto con los escritos de Erasmo y Lutero. Su principal característica es que asimiló el romance caballeresco al estilo y los modelos del clasicismo. Su única intención fue hacer un romance que agradara tanto a él como a su generación.

 

 

 

 

 

Se editan los clásicos latinos (Virgilio, Homero, Aristóteles, Ovidio, etc.) en formato pequeño. Para ello Aldo Manuzio, el editor más importante del Renacimiento, crea una tipografía especial que se ha dado en llamar aldina, consistente en caracteres estrechos e inclinados hacia la derecha a fin de poder incluir más texto en cada página. Son los  famosos "octavos", que contenían obras clásicas o tratados destinados al estudio de los humanistas (hasta entonces, solo se destinaba el formato reducido a los libros de horas). Esta innovación de Manuzio constituyó una auténtica revolución no solo tipográfica, sino también cultural, ya que, a partir de la producción masiva de "octavos", el legado de los clásicos quedaba al alcance de más lectores. 

Aldo ManuzioCopia del Virgilio Aldino de 1501, primer libro impreso de tamaño reducido.

 

Este formato transforma los hábitos de lectura, se deja  de leer en atril  y aumenta las tiradas medias, se llegan hasta los 3.000 ejemplares. El nuevo objeto se convierte en un elemento habitual en los retratos ya que los libros de bolsillo de Manuzio eran un lujo. (Fuente: Aldo Manuzio y el Renacimiento en Venecia, de Kosme de Barañano).

 

 

Tiziano Vecellio. Ritratto di gentiluomo (Jacopo Sannazaro?). 1514-1518 circa. Londres, Royal Collection Trust.

El caballero, que sostiene en su mano derecha un pequeño libro de Manuzio, fue identificado como Jacopo Sannazzaro (1455/56-1530), una de la figura más significativa del humanismo y considerado el fundador de la novela pastoril.  

 

 

 

 

 

 

Medidas restrictivas 

Las disputas religiosas entre la Iglesia  y Lutero van a traer consigo medidas que influirán muy negativamente en la imprenta en los países católicos. En el Concilio de Trento (1545-1563) se estableció la necesidad de elaborar una lista de libros prohibidos, es decir,  recopilar todos los libros perniciosos para la fe. 

 

 

 

Portada de la primera edición del Index librorum prohibitorum, impreso en Venecia en 1564.

 

 

 

 

 

 

Pero también se va a limitar aspectos civiles: el establecimiento de talleres de imprentas, número de máquinas,… Tal y como recoge Elvia Carreño Velázquez en “El control del libro impreso durante el siglo XVI”, los sucesivos reyes de España del siglo XVI - los Reyes Católicos, Carlos V, Felipe II- dictaron sucesivas leyes para controlar la lectura y el comercio del libro. 

Bibliotecas

El siglo XVI significó un gran impulso para las bibliotecas. Aparecieron importantes bibliotecas reales: la biblioteca de Blois (Francia), la de Viena, la Biblioteca del Monasterio del Escorial. Estas bibliotecas serán el  germen de muchas de las bibliotecas nacionales de hoy . También surgen bibliotecas privadas, universitarias  (Biblioteca de la Universidad Complutense, fundada en Alcalá de Henares) y públicas.
Francia fue el primer país que estableció el depósito legal, es decir, la obligación de depositar en una o más bibliotecas ejemplares de las publicaciones editadas en un país. En 1537, el rey de Francia Francisco I promulgó la Ordenanza  de  Montpellier en la que se ordenaba que todos los libros impresos debían ser depositados en su biblioteca de Blois. Siglos después, esta biblioteca sería la Biblioteca Nacional de Francia, ubicada en París.