El libro, testimonio cultural

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Siglo XVIII

El siglo XVIII es llamado Siglo de las Luces debido al nacimiento del movimiento intelectual conocido como Ilustración, un movimiento caracterizado por la reafirmación del poder de la razón humana frente a la fe y la superstición. Se inicia la Revolución industrial y el despegue económico de Europa.


El siglo XVIII es una de las etapas más brillantes de la historia del libro: la Ilustración revaloriza el libro, las bibliotecas pasan a considerarse como un servicio público de uso gratuito, con la Revolución francesa se proclama la lectura como uno de los derechos de las personas, comienzan a reconocerse legalmente los derechos de autor y editor Copyright Act (Ley de Propiedad Intelectual) en Inglaterra en 1709.

  • Se impone un estilo rococó: ligero, alegre y elegante.
  • Las portadas son más ligeras que las del siglo anterior.
  • El papel de mejor calidad, más liso y blanco.
  • Tuvo lugar un amplio resurgimiento del arte tipográfico y una mayor preocupación por la calidad del libro.
  • Las ilustraciones, que se hacían en la técnica del grabado en metal y del grabado al aguafuerte, predominaban claramente sobre el texto.

 

Enciclopedias y diccionarios

Se produce un gran desarrollo de las enciclopedias y los diccionarios ya que la sabiduría era considerada la base para la felicidad. La multiplicación de diccionarios científicos y técnicos nos indica el proceso de popularización que tuvo la ciencia en toda Europa a medida que el latín fue sustituido por las lenguas vulgares y el desarrollo científico se extendió a nuevas ramas del conocimiento.

 

 

Cyclopaedia, o Diccionario Universal de Artes y Ciencias fue una de las primeras enciclopedias publicadas en inglés, editada por Ephraim Chambers en Londres, 1728. La Cyclopedia fue digitalizada por el Digital Collections Center de la Universidad de Wisconsin y está disponible en Internet.

 

 

 

 

 

 

 

Pero la obra  más representativa de la Ilustración fue L’Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, publicada por Diderot y D'Alembert entre 1751 y 1772. Contiene gran parte del saber del siglo XVIII. La edición de Diderot fue lujosa y tenía un precio muy elevado.  Pero se hicieron ediciones más baratas que recorrieron toda Europa. Una versión digitalizada puede consultarse en Gallica, la biblioteca digital de la Biblioteca Nacional Francesa.

 

 

 

 

 

 

En Gran Bretaña, entre 1768 y 1771, se publicó la Encyclopaedia Britannica.

 

 

 

 

Más información en "La Enciclopedia, faro del conocimiento de la Ilustración" de Víctor Muñoz Fernández.

 

Prensa

La prensa periódica conoció también un gran desarrollo en el siglo XVIII, tanto los diarios de información general como las revistas. Muchos se basaron en el sistema de la suscripción. The Times nació en Inglaterra a finales de este siglo.

 

La lectura 

A lo largo del siglo XVIII, el gusto por la lectura se extendió y la producción de libros se incrementó notablemente.

Según el historiador alemán Rolf Engelsing hacia finales del siglo XVIII tuvo lugar una revolución de la lectura. Según Engelsing, hasta 1750, quienes leían lo hacían “intensivamente” –tenían pocos libros, muchos de ellos devocionales, los leían muchas veces, unas veces en silencio, otras en voz alta, de modo que llegaban también a audiencias analfabetas-; pero que a finales del XVIII se empezó a leer “extensivamente” –nada más acabar un libro se pasa al siguiente, la lectura empieza a ser solitaria, introspectiva y se deja de leer en voz alta de modo que la gente analfabeta verá aumentar la dificultad para acceder a las ideas.

Por otro lado, durante esos años, se empezará a publicar principalmente en lenguas  vernáculas, de modo que las mujeres, que no dominaban el latín, empezarán a tener acceso al mundo de la lectura. No obstante, los libros seguían siendo caros, casi un objeto de lujo. No solo a causa de la mano de obra, casi artesanal, sino también por los impuestos y trabas burocráticas.

El sentimentalismo dieciochesco va a ser expresado por medio de la técnica epistolar.

 

 

El inglés Samuel Richardson fue uno de los autores con más fama por sus novelas escritas en formato epistolar: Pamela (1740), Clarissa  (1747-1748)  y Carlos Grandison (1753). Obras de Samuel Richardson en el proyecto Gutenbert. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rousseau, utilizando la misma técnica, publicó en 1761 Julie ou la Nouvelle Héloïse.  Las cartas que intercambian la pareja de amantes y otros personajes de la historia recogen los sentimientos y el análisis de los mismos, pero también comentarios sobre la vida social o reflexiones sobre asuntos filosóficos, religiosos y morales. Fue un auténtico éxito editorial en la época y anunciaba el Romanticismo del siglo XIX. 

 

 

 

 

A lo largo de la centuria se desarrolló la edición clandestina, de obras satíricas, pornográficas, antirreligiosas o políticamente radicales. Pese a su ilegalidad eran los más leídos. Entre los estudiados por Robert Darnton para su obra “Los best sellers prohibidos en Francia antes de la revolución” destacan: Thérèse filósofa, EL'an 2440 de Louis-Sébastien Mercier y Anécdotas sobre madame la condesa Du Barry

 

Tras pasar una velada con un amigo inglés y mantener un vivo debate filosófico con él, Mercier se duerme para despertarse 700 años después en un París profundamente transformado. La monarquía sigue vigente, pero atemperada con una organización social y económica más justa; no han desaparecido las diferencias entre ricos y pobres, pero las distancias se han atenuado y, dado que no hay clases parásitas, el trabajo se ha reducido notablemente. El autor dibuja así un futuro de avance y de progreso que descansa sobre convicciones humanistas, ilustradas y racionalistas, en el que apenas hay guerras y la sociedad está organizada de acuerdo con principios científicos.

 

 

 

 

 

(Más información: La pasión por la lectura en el siglo XVIII, publicado en National Geographic).

 

Bibliotecas

El concepto de biblioteca cambia, ya no es solo un lugar para almacenar libros, se convierte en un organismo vivo en continuo crecimiento y que está cerca de las necesidades de quienes leen. Para atender la demanda surgieron en las principales ciudades grandes bibliotecas públicas. También se abrieron al gran público muchas bibliotecas de colegios, conventos y universidades. Y surgen  las primeras bibliotecas de socios o suscriptores: la Library Company of Philadelphia, fundada en 1731 a instancias de Benjamín Franklin. Con otras cincuenta personas, Franklin creó un fondo para adquirir volúmenes en las librerías de Londres y formar con ellos una biblioteca. Quienes participaban podían tomar prestados libros gratuitamente, mientras que los demás debían depositar una fianza y abonar una pequeña tarifa por la lectura.
Una fórmula parecida fue la de las bibliotecas de préstamo, llamadas en Inglaterra circulating libraries. Eran una iniciativa privada, impulsada por los mismos libreros, que ofrecían a sus clientes la posibilidad de tomar prestadas las últimas novedades del mercado editorial a cambio de una cuota.

Poco antes del estallido de la Revolución francesa,  París contaba con 18 bibliotecas públicas. Entre ellas estaba la Biblioteca Real, antecedente de la actual Biblioteca Nacional de Francia. En 1720 se estableció que estaría abierta al público general un día a la semana.

En España, Felipe V, por Real Cédula de 15 de octubre de 1716, concedió a la Biblioteca Real (actual Biblioteca Nacional) el privilegio de recibir un ejemplar de cuantos libros y papeles se imprimiesen en nuestro país. Esta norma se mantiene desde entonces.  En 1761, se establece que los impresores deben entregar un ejemplar de todo .