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Papel de los museos y centros culturales

Desde la fundación de los primeros museos hasta el concepto actual de los mismos han sido muchos los factores que han influido en la forma de entender su misión. En pleno siglo XVIII, conocido como el Siglo de las Luces, el museo fue entendido como la institución que albergaba, ordenaba y clasificaba sus colecciones. Otra característica de este periodo es la idea de “museo público” tal y como señala Amaia Arriaga en su artículo Desarrollo del rol educativo del museo: narrativas y tendencias educativas. Esta idea impulsó la apertura de los museos al público en general con el objetivo de que sus colecciones estuvieran al alcance de todos. Se vislumbra así una nueva forma de entender el museo, por un lado, se trataría de un centro de estudio y, por otro, se perfila la idea de servicio público. Este hecho, marcará un hito importante en el desarrollo de la función educativa dentro de los museos ya que el visitante será considerado como parte integrante del museo.

Inicios del siglo XX

No será hasta el siglo XX cuando el concepto de educación museística se desarrolle. Hasta entonces, los museos cumplirán con las funciones de albergar, conservar y exhibir sus colecciones, alcanzando a un amplio espectro de la población en esa idea de museo público, aunque sin ningún tipo de elemento que ayudara al visitante a interpretar y ahondar en el contenido de las exposiciones.

Pioneros en el desarrollo del concepto de educación museística fueron el Reino Unido y Estados Unidos. Ambos países integrarían en sus programas actividades de carácter educativo, publicaciones explicativas y una serie de elementos que ayudarían al visitante a convertir su visita en un recorrido enriquecedor y formativo. En el caso de Estados Unidos, tras la expansión industrial, los museos adquirieron calidad de instituciones educativas en sus propios estatutos, un paso fundamental en esta nueva forma de entender el museo. En el caso de Reino Unido cabe destacar que el que hoy en día se considera uno de los centros más importantes a nivel internacional, el Victorian and Albert Museum, “[…] abrió sus puertas en 1857 con la misión de educar el gusto de los británicos y diseminar el conocimiento sobre arte a través de la educación popular.” En este caso la influencia de otras disciplinas, como lo es la literatura, también fomentó esa idea de museo como lugar propicio para la educación.

Por lo tanto, en ambos casos, los museos adquieren un compromiso con respecto a la educación, misión que, como afirma Amaia Arriaga en su artículo, “[…] dará pie a dos narrativas diferentes: la narrativa estética y su objetivo educativo de la apreciación estética y la narrativa disciplinaria y su objetivo instructivo”. Así se entiende que los museos apuntalaran, fundamentalmente, una misión estética y otra instructiva.

Según esto, la primera atendería a un razonamiento puramente estético como su nombre indica. Los museos eran espacios dedicados a la muestra y deleite de los objetos expuestos. Y en esta forma de entender el museo se desarrolla la misión educativa, centrada en la compilación y exhibición de las obras de arte de mejor calidad estética. Así, la enseñanza está implícita en la mera contemplación del objeto. Benjamin Ives Gilman, secretario del Boston Museum of Fine Arts, afirmó a este respecto “[…] el museo de arte es principalmente una institución de cultura y solo secundariamente un lugar para el aprendizaje […]”.

A principios del siglo XX, frente a la narrativa estética surge otra con una finalidad puramente instructora, la narrativa disciplinaria. Muestra del cambio en la misión de los museos es el caso de Newark Museum de Nueva Jersey. Su director, John Cotton Dana, sustituyó el término de “museo almacén” por el de “museo taller” impulsando esa función educativa y defendiendo que “un museo es bueno solo si es útil” ("A good museum attracts, entertains, arouses curiosity, leads to questioning and thus promotes learning").

Un hecho importante a este respecto es la creación en 1926 de la International Museum Office, punto de encuentro de opiniones en el que debatir sobre la situación de los museos, su misión y sentido. Gracias al debate generado la idea del museo como institución educativa tomó más fuerza.

Los museos que seguían las directrices de la narrativa estética no desarrollarían la misión educativa con la misma intensidad que aquellos en los que se contemplaba el museo como espacio  de enseñanza.

En pleno siglo XX, la forma de entender la función educativa de los museos cambiaría al son de los acontecimientos políticos, económicos y sociales. Los años treinta fueron una etapa marcada por una profunda recesión que se extendió a lo largo de la década y que tuvo serias repercusiones no sólo en el ámbito económico, sino también en el social y político. La Gran Depresión estalló con el Crack de la Bolsa de Nueva York en octubre de 1929 y supuso un importante bache en la producción, desajustes en el mercado laboral -haciendo crecer el paro hasta unas tasas sin precedentes- y contribuyó a la exaltación del ultranacionalismo y autoritarismo fascistas.

Es en este contexto es en el que los museos comienzan a ser entendidos como herramientas para el cambio social, tal y como apunta Amaia Arriaga “[…] debían promover la democracia […] y justificar su financiación pública, convirtiéndose en un servicio a la comunidad y teniendo como objetivo principal la educación popular”.

Años 60

La década de los años 60 es un periodo de cambio en el que los museos pretenden ser entendidos como “instrumentos necesarios al servicio de la sociedad”, un cambio centrado en el papel del visitante y no tanto en la obra de arte en sí misma. Mientras que en el caso de EEUU y Reino Unido ya existían los conocidos “servicios educativos”, en el resto de países europeos comienzan a surgir los departamentos de educación. A este respecto Eduardo López Verástegui afirma, en su post "Función didáctica en los centros museísticos", lo siguiente "[...] la integración de términos educativos al ámbito museístico fue debido al cambio ideológico generalizado, según el cual la exposición no posee ya el rol principal en los centros, sino las personas que la visitan [...] el eje central de las actividades cambia de los objetos a los sujetos". Durante la década de los 70 se apuntala la idea de museo como espacio en el que descubrir y experimentar, la experiencia del visitante adquiere protagonismo y los centros deben desarrollar nuevas fórmulas de comunicación que les permita comprender las necesidades de su público proporcionándole una visita enriquecedora.

Años 80 y 90

Durante los años posteriores, década de los años 80, los profesionales, concienciados de la necesidad de ampliar la oferta educativa, reestructuran los programas ofertados en los centros con el fin de hacer partícipes a sus visitantes. Esta búsqueda de la participación activa del visitante se enmarca dentro de la narrativa experiencial, se supera la contemplación del objeto para alcanzar una experiencia enriquecedora y conseguir que el público descubra por sí mismo aquello que debe ser entendido.

A partir de este momento, el visitante se convierte en una pieza clave, los centros en su propósito de mejorar su experiencia comienzan a tener en cuenta aspectos como la accesibilidad física, social e intelectual, como apunta Amaia Arriaga. Esto implica el desarrollo de programas adecuados a cada tipo de público, teniendo en cuenta sus necesidades y especificidades.

Garantizar una visita enriquecedora, adaptada a las necesidades de cada público, implicará una mayor atención en el estudio de los visitantes. Así se entiende que los departamentos de comunicación y educación adquieran mayor importancia y establezcan políticas de acceso para un público cada vez más dispar con necesidades distintas. El objetivo no sólo se centrará en ofrecer un mejor servicio, sino que además buscará fidelizar a un público satisfecho dispuesto a repetir la experiencia. Estas ideas y fórmulas de trabajo se enmarcan en la denominada “narrativa comunicativa o de acceso” en la que como afirma Arriaga los visitantes se convierten en constructores de conocimiento “[…] desde el museo se pretende que el conocimiento que crea el museo y sus profesionales se integre con el que pueden aportar los visitantes […] programas y prácticas en las que se impulse la negociación de significados, en vez de la imposición de los mismos”.

Actualidad

En el panorama actual cabe hablar de distintos modelos de museos atendiendo a su línea de actuación. Por lo tanto no cabe hablar de un solo modelo de museo, sino de una variedad evidente. El profesor Díaz Balerdi establece tres etapas por las que los museos han pasado hasta alcanzar la situación actual: "[...] La primera se caracterizaría por la preponderancia del objeto. La segunda, por la del sujeto. La tercera, por el acento que se pone en la relación entre el sujeto y el objeto. O lo que es lo mismo, conservación, público y comunicación". Y Carla Padró Puig sugiere una última etapa, la cuarta, en el que el museo dota al visitante de las herramientas que necesita para establecer un diálogo y "construir culturalmente el museo".

Además, afirma que las distintas etapas que acota Díaz Balerdi se pueden entender como sistemas que conviven en tiempo y espacio, lo que explicaría la variedad de modelos anteriormente citada, dibujando tres perfiles: los museos tradicionales, los nuevos museos y los conocidos como postmuseos. En los tres casos, la función educativa está presente pero con sustanciales diferencias. En el modelo de museo tradicional la función educativa es un refuerzo para transmitir el contenido propuesto por comisario de la exposición, en el museo moderno o nuevo museo se convierte en un medio para captar a los visitantes considerados consumidores de cultura, y en el museo postmoderno la función educativa es esencial, además de estar considerada como una función más dentro del proyecto global del centro.

Los museos y centros culturales deben ser espacios plurales, abiertos a los cambios constantes que la propia sociedad impone. Como afirma Sagrario Sánchez-Pacheco, en su artículo "Arte y educación en museos y centros culturales", “[…] la función de los museos, está siendo reformulada, […] convirtiéndose no sólo en contenedores y expositores de colecciones, sino también, en creadores artístico-culturales, siendo auténticos dinamizadores y formadores del pensamiento crítico de la cultura visual. Se busca la ruptura del espectador pasivo, dando paso a la constante participación interactiva del mismo con la obra artística”.