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Biografía

Director de cine japonés, uno de los más conocidos en Occidente junto a Akira Kurosawa y Yasujirō Ozu.  

Kenji Mizoguchi fue descubierto en Occidente en la década de los 50, aunque llevaba varios años de trabajo exitoso en Japón. Destaca especialmente su tratamiento de la mujer y la defensa de su libertad e identidad. Mizoguchi encontró inspiración en su propia existencia y en su país, Japón. Las mujeres que pasaron por su vida le marcaron: su madre, una mujer maltratada por un marido al que no ama; su hermana Suzu, vendida por su padre a cambio de dinero a una casa de geishas; su amante, una prostituta que le atacará al no ser correspondida; y su esposa, que tuvo que ser ingresada en un psiquiátrico.

Kenji Mizoguchi (Tokio, 16 de mayo de 1898 - Kioto, 24 de agosto de 1956). Su familia cae en la pobreza tras la crisis económica de 1904 y se traslada al barrio de Asakusa, un barrio muy pobre de Tokio y lleno de burdeles. El padre de Kenjii era un hombre violento que maltrataba a su mujer y, ante los problemas de dinero que padecen, vende a su hija como geisha. Kenji estaba muy unido tanto a su madre como a su hermana por lo que todo esto le provocó un trauma que influiría sin duda en sus películas.

Kenji tuvo dificultades como alumno en la escuela pero se interesó por la pintura y consiguió una beca en el Estudio de Pintura Europea de Ohibashi. Se graduó. Este interés quedará reflejado luego en sus películas: gusto por la estética y carácter pictórico de cada plano cinematográfico. Se traslada a vivir a Kobe y allí encuentra trabajo como ilustrador en el periódico Matashin-Nippo. De vuelta a Tokio se reencuentra con su amigo Matsuaro Kawaguchi, que trabajaba para los reputados Estudios Nikkatsu. Una cosa llevó a otra y Kawaguchi se animó a probar suerte como actor. Ahí comenzaron sus días como oyama. Japón tenía normas muy estrictas en teatro y cine y las mujeres no podían trabajar como actrices. Los papeles femeninos eran interpretados por varones jóvenes, conocidos como oyamas. En 1921, Kenji Mizoguchi se convirtió en uno de ellos. De esta manera Mizoguchi se acerca al mundo femenino. Pero la situación cambió y se les permitió a las mujeres trabajar en el cine. Mizoguchi perdió así un trabajo que le reportaba un buen sueldo y prestigio social. Empezó a transcribir guiones y se convirtió en ayudante de director en los Estudios Nikkatsu. Se le encargó la dirección de la que iba a ser su primera película Ai ni yomigaeru hi  (El día en que vuelve el amor, 1923), hoy desaparecida.

Entre los años 20 y los 30, rodó más de 70 películas, la mayor parte de las cuales se perdió tras la Segunda Guerra Mundial. Muchos coinciden que fue su  etapa de aprendizaje y de búsqueda de estilo propio.

SU ESTILO

En 1925 tuvo lugar un hecho que supuso un antes y un después en su filmografía. Una antigua amante, muy enfadada, le atacó con una cuchilla de afeitar. Tuvo que estar un tiempo retirado recuperándose. Tras este incidente, cambió radicalmente su forma de hacer cine y encontró un estilo personal.
Comenzó rodando en mudo, pero se quejaba de que los rótulos rompían la secuencia. La aparición del cine sonoro, le encantó. Siempre se adaptó bien a los avances tecnológicos, primero al sonido y más tarde al color. Su cine se caracteriza por tomas larguísimas. Mizoguchi odiaba el montaje, para él rodar una escena en varias tomas suponía cortar el flujo de la actuación y reducía la intensidad de la misma.

En 1930, rodó con sonido La tierra natal.

Otro dato a destacar en su filmografía es la temática. Las películas de Kenji Mizoguchi tienen como protagonistas mujeres fuertes que viven alguna situación desgraciada. El director lo trata con realismo y denuncia las injusticias. Para destacar el valor, la sinceridad y la fortaleza de las mujeres, el director recurre muchas veces a argumentos clásicos. Pero, lo más llamativo es que estas tragedias están contadas con una gran belleza estética. Se convirtió en un director preciosista, muy estético, de planos bellos y largos.

SUS PELÍCULAS

Según el propio Mizoguchi, su primera película seria fue Las hermanas de Gion en 1936, con la que alcanzó un importante éxito de público. Cuenta la historia de dos geishas hermanas en el barrio de Gion.

 

Con la historia de Los crisantemos tardíos (Zangiky monogatari, 1939) mira al pasado y reflexiona sobre el teatro kabuki, una forma de teatro japonés tradicional que se caracteriza por su drama estilizado y el uso de maquillajes elaborados en los actores. Un hombre hereda la profesión de su padre, actor de kabuki, aunque es mal intérprete. Todos le adulan y le felicitan por su trabajo, todos menos una chica, que sirve a la familia. Esta le sugiere que mejore lejos de su padre. Aprende el oficio como actor ambulante por todo el país y consigue ganar fama por sí mismo. La chica le acompaña en todo momento, aunque la familia de Kikunosuke no la acepta.

 

En los albores de la Segunda Guerra Mundial, las autoridades imponen el cine propagandista en el país nipón. Mizoguchi dirige Los 47 samuráis (Genroku chushingura, 1942), una superproducción que fracasa comercialmente.

La década de los cincuenta supuso el período de mayor esplendor del cine de Kenji Mizoguchi.

En La señorita Oyu (1951), Shinnosuke acepta casarse con Shizu con tal de poder estar cerca de la hermana de esta, Oyu, viuda y madre de un hijo. Las costumbres japonesas prohíben que Oyu se case porque su deber es educar a su hijo. Entre los tres se creará un extraño vínculo. Esta película le valió el reconocimiento internacional recibiendo el premio a la mejor dirección del Festival de Venecia en 1952.

En 1952, Vida de Oharu, mujer galante (Saikaku ichidai onna, 1952). Narra la trágica vida de una mujer que acaba convertida en prostituta por culpa de las convenciones y el machismo imperantes en la férrea sociedad feudal del siglo XVII. Mizoguchi ironiza sobre las normas de belleza.

Cuentos de la luna pálida de agosto

 
 
Cuentos de la luna pálida de agosto (1953), adaptación de dos relatos de Ueda Akinari y otro de Guy de Maupassant, constituye una fábula sobre la ambición humana y sus consecuencias. Dos ambiciosos hombres se van a hacer fortuna abandonando a sus mujeres, una de las cuales es asesinada y la otra cae en la prostitución.

 

 

El intendente Sansho (1954) cuenta la historia de una injusticia social. El protagonista, Zushio, quiere vengarse de Sanshô Dayû por vender a su madre como prostituta y asesinar a su hermana.

En Los amantes crucificados (Chikamatsu monogatari1954)  toma como punto de partida un relato de Monzaemón Chikamatsu. Se desarrolla en Kyoto, en el siglo XVII. Osan, una mujer joven casada con un hombre rico, se enamora de Mohei, uno de sus criados. Dos seres que son arrastrados por las circunstancias, encontrarán su dicha amándose aunque  incomprendidos por las rígidas maneras de la sociedad.

La emperatriz Yang Kwei-Fei

 

La Emperatriz Yang Kwei-fei (Yokihi, 1955). Es el primer largometraje en color del autor. Constituye su último gran trabajo y, en cierto modo, una especie de compendio de sus temas más habituales: la historia de una mujer que se sacrifica por el otro, ambientada en esta ocasión en la China del siglo VIII. El héroe sacrílego (Shin heike monogatari, 1955) también fue en color. 

 

 

La calle de la vergüenza (Akasen chitai, 1956). Su última película constituye un crudo análisis de la forma de vida de las prostitutas en el Japón moderno. Retrata un burdel llamado El país de los sueños y de todas las prostitutas que trabajan en él. El burdel se encuentra en una calle llena de casas de prostitución, La calle de la vergüenza. Y sin embargo, la vergüenza no es por las trabajadoras, sino por las familias, los hermanos y los maridos que las han vendido y obligado a prostituirse para pagar deudas.

Mientras preparaba la que hubiera sido su siguiente película, Historia de Osaka, a Mizoguchi le diagnosticaron leucemia. Murió en Kioto el 24 de agosto de 1958.

 

(Fuente: El cine de Kenji Mizoguchi en el blog Escritos de J. A. BielsaLa mujer en el cine de Kenji Mizoguchi de Graciela Padilla Castillo, publicado en CIC Cuadernos de Información y Comunicación 2009. Vol. 14; pp. 251-267).